Literatura y vida cotidiana

domingo, 25 de abril de 2010

MINERÍA Y COMUNICACIÓN: LOS DESAFÍOS ACTUALES

MINERÍA Y COMUNICACIÓN: LOS DESAFÍOS ACTUALES
MG. GINA GOGIN SIAS

1.- El sector minero tiene una pasivo negativo de imagen por la contaminación generada, qué debe hacer para transformar las percepciones.
Para responder a esta pregunta vamos a usar la perspectiva que nos brinda el marketing y la comunicación institucional respecto de la construcción de una “MARCA”, y el valor que ésta tiene en la mente de los usuarios.
En la actualidad, no sólo las marcas sino también los nombres y algunos términos ocupan un espacio en la mente de los sujetos sociales por su relación con los significados que a nivel simbólico muchas veces, se les atribuye. Algunos de estos significados están relacionados con: la reputación, la credibilidad, la confianza, la modernidad, la globalización, el cuidado, el respeto, la protección, etc.
Una marca o el nombre de una empresa debe pensarse a largo plazo, teniendo en cuenta que son dos los factores esenciales que deben identificarse: las competencias centrales de la empresa, y los aspectos en que “conectan” con sus grupos de interés, especialmente la comunidad en el caso de empresas mineras; en las que muchas veces el nombre mismo de la empresa está asociado a una serie de valores y atributos que no han sido generados por la propia empresa, quizás por un mal manejo de la imagen corporativa y una pésima relación con los medios masivos.
Una marca es pues el nombre que se le da a una estrategia de negocios. Esta estrategia incluye una serie de compromisos simbólicos y materiales con los actores sociales que en ocasiones, la propia actividad de la empresa (en este caso minera) involucra. Estos compromisos deben cumplirse, no como una obligación ni como parte de acuerdos formales, si no como un servicio a aquellos que compromete su propia actividad. Por ello una “marca” es un valor intangible, que genera recursos tangibles.
Por todo lo anterior debemos señalar la importancia de elaborar “mapas de creencias” e identificar las fuentes de información e influencia, que con respecto a nuestra marca (o nombre), puedan crearse no desde la propia empresa sino desde otras fuentes, como por ejemplo los medios masivos, los rumores, y las formaciones imaginarias. No pueden desarrollarse de forma natural aquellas “marcas” o nombres que no han logrado posicionarse de manera positiva en la mente de los actores sociales que comparten su entorno.

2.- ¿Considera que la comunicación que se debe establecer en el sector minero debería ser de acuerdo a sus etapas (Exploración, operación, cierre de mina)?
Por supuesto que si. Siempre y cuando se cuente con una Política Comunicacional Empresarial, en la que se expliciten la visión, misión y objetivos comunicacionales de la empresa; así como su enfoque, postura o concepción sobre la comunicación. Sólo de este modo se podrán elaborar planes de comunicación que contemplen etapas, no sólo de las
Actividades de la empresa minera, sino también de los ritmos y formas de las relaciones comunicacionales que ésta mantiene con sus grupos de interés. Quizás sea en este ámbito en el que se debería planificar por ejemplo, las relaciones con la comunidad a partir de etapas, que tomen en cuenta los “buenos modales antropológicos” y el ritmo con el que se construyen normalmente las relaciones humanas. No hay que olvidar además que es el capital humano el factor más importante en el éxito de una empresa.
En relaciones comunitarias y desde una perspectiva cualitativa y antropológica, una primera fase se relaciona con una “entrada” social no ofensiva en el trabajo de campo. Esta primera fase, que puede durar más de lo previsto, ayuda a que se genere un clima de confianza y credibilidad, que permitirá al trabajador de campo establecer relaciones no intrusitas si no mas bien, largas y duraderas. Lo mismo es en la ciudad, uno no lleva a su casa o deja entrar a su casa a quien no conoce; y dudamos de la persona que nos interroga o hace muchas preguntas, más aún si éstas son de carácter personal.
Por todo lo anterior, debemos decir que la planificación de los procesos y relaciones comunicativas no necesariamente corresponden únicamente a las etapas de la actividad de la empresa minera, si no también a la situación comunicacional en la que se encuentre la empresa con sus grupos de interés y el modo en el que ha establecido las relaciones comunicacionales con cada uno de los actores que comparten su escenario. Es en virtud de todo lo dicho anteriormente que debemos concluir señalando que no es recomendable dejar “a la libre” las acciones de comunicación, pues de ser así, de no contar con un Plan de Comunicación, es más que seguro que tengamos conflictos, sea nivel de comunicación interna, o externa. Es recomendable pues pensar proyectivamente también el componente comunicacional empresarial.

3.- ¿Cuál debería ser el enfoque de las comunicaciones en el sector minero?
El enfoque que nos brinda la "Comunicación para el Desarrollo", sostiene que la comunicación es un factor determinante en la facilitación de la gente en el acceso a la información; por tanto en posibilitar también que sea la propia gente la que tome el control de sus propias vidas y establecer sus propias agendas en relación al desarrollo político, económico y social.

La información no se debe reducir a permitirle a la gente saber lo que debería hacer o pensar. La información es poder. Les permitiría a los individuos y comunidades construir su destino y hacer realidad sus aspiraciones. Esto sólo es posible si la información, se convierte en conocimiento. Para lo cual, hay que trabajar en la perspectiva de la "Gestión de la Información". Pues los principios de la Comunicación para el Desarrollo están enfocados hacia el uso de una comunicación transparente, directa, de "muchos hacia muchos", porque deberá ser producida desde las propias comunidades afectadas. Ellos deberán ser los protagonistas de su propia historia.

Muchas experiencias del campo del Desarrollo y la Promoción Social han demostrado en los últimos años, que es posible encontrar formas efectivas de usar la disciplina de la Comunicación Social, para contribuir a dinamizar y acelerar los ritmos del desarrollo. Esto sólo es posible cuando la comunicación se convierte en un elemento integral del proyecto y del proceso de desarrollo; y cuando se la ejecuta de forma estratégica y profesional.

La "Comunicación para el Desarrollo" es una forma particular de hacer comunicación. Esta particularidad se debe a que este tipo de comunicación busca, propicia, que los individuos y las comunidades se apropien tanto de los mensajes, como de los medios (en términos de contenido y proceso). Por tanto, se trata de un proceso de comunicación que otorga poder (empoderar) a la comunidad, que busca dar voz a los no escuchados, que es de "muchos-a-muchos”; y que pone el énfasis en contenidos y temáticas locales. Por ello, quienes trabajamos en este ámbito debemos comprometernos a convencer a otros, del valor de este enfoque; ya sea publicando, promoviendo el debate, o socializando la información más actualizada; y por supuesto, continuar investigando y sistematizando experiencias de desarrollo con perspectiva comunicacional.


4.- ¿Una inadecuada comunicación genera conflictos?
La minería no deja de ser una industria exenta de críticas y polémicas, su imagen proyectada depende en gran medida de factores ideológicos, lo que dificulta el diseño de argumentaciones y estrategias comunicacionales. Por ello no sorprende la preocupación de los ejecutivos de la industria por mejorar la imagen pública y la relación con la sociedad. El dar a conocer lo que la minería significa para el país y las oportunidades que representa es parte clave de la agenda del desarrollo minero, si bien se ha avanzado en este sentido, y en especial sobre la percepción de los efectos ambientales, el tratamiento de los medios de comunicación sigue siendo poco favorable para la imagen de la minería.
Una de las tendencias interesantes, para nosotros los comunicólogos, es la constante y emergente preocupación por temas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) y de Gestión Medio Ambiental. Un ejemplo de ello lo vemos si revisamos los sitios Web de las empresas mineras, en éstos nos encontramos que todas le dan un lugar de relevancia a conceptos como desarrollo sustentable, relaciones comunitarias o medio ambiente, sólo en una se debe buscar más allá de la página de inicio para encontrar estas nociones y en la mayoría están presentes en la misma definición de su negocio. Sin embargo la arista comunicacional de los esfuerzos de RSE no debe quedar en ello, mas bien deben ir orientados a mejorar las relaciones con los actores involucrados, por un lado dando a conocer las actividades desarrolladas, y por otro recogiendo información desde la comunidad tanto para futuras acciones como para la gestión valórica de la empresa.
La comunicación entendida como una gestión de relaciones, tanto a nivel directo con los stakeholders, como a través de medios de prensa, es preponderante en las organizaciones mineras. Su principal aporte a la empresa es el “crear valor en la relación de la compañía con sus grupos de interés”, mientras que otro mencionaba que su función es “situar a la compañía a nivel de la comunidad local como una empresa responsable socialmente”, este a mi entender es el camino correcto, sin embargo la comunicación en las empresas mineras todavía tiene mucho que avanzar, a nivel mediático por ejemplo no se ve todavía un posicionamiento claro de las acciones de responsabilidad social o de responsabilidad medio ambiental. Al entender la comunicación como relaciones y principalmente relaciones simbólicas las empresas mineras presentan una serie de desafíos entre los que se encuentran los siguientes:
• La distancia geográfica hace que se sepa poco de los aspectos positivos de la vida en la minería y que finalmente sólo trasciendan accidentes, huelgas u otros fenómenos negativos. Las empresas mineras deben ser capaces de acercar su mundo distante al ciudadano común y corriente, no a través de grandes campañas publicitarias como se ha intentado anteriormente, sino más bien dando a conocer relatos, narraciones de historias de vida que los vinculen emocionalmente.

• Identificarse con causas sociales .Si bien la minería y sus programas de RSE apoyan diversas causas y programas sociales, no se han identificado con alguna causa específica. Las líneas de acción en este campo son delicadas ya que el apoyo social muchas veces es visto como encubrimiento o lavado de imagen, por ello es importante que las empresas mineras se puedan identificar con una causa en el que su involucramiento sea lógico y coherente, el “desarrollo país” , “tecnología e investigación” son algunos ejemplos a abarcar.

• Al comienzo de este artículo mencioné que uno de los problemas de la minería se debe a que su imagen depende en gran parte a nociones ideológicas, es decir a formas de cognición social compartida por los miembros de un grupo de personas, a pesar de la carga negativa de la palabra ideología, con esta sólo me refiero a las maneras de comprender y actuar frente a un fenómeno por un grupo determinado, así por ejemplo los ecologistas tendrán una mala percepción de todo lo que haga una empresa minera y los ejecutivos de una de ellas no comprenderán las criticas después de “toda la inversión medio ambiental” . Los directores de comunicación tienen el desafío de comprender las estructuras ideológicas de su propio medio junto con la de otros grupos/actores implicados, para poder dialogar, retroalimentar sus prácticas y dar a conocer sus avances.

Si bien existen otros desafíos comunicacionales de la minería, como por ejemplo la importancia y complejidades de la comunicación a nivel interno, me parece que las anteriormente planteadas han pasado desapercibidas en los análisis clásicos sobre la materia. En general en las empresas mineras los directivos de comunicación están presentes en las más altas esferas de decisión, y éste es otro tema central para sortear con eficiencia y tomarlo como otro desafío.



MG. GINA GOGIN SIAS
ABRIL 2010.

viernes, 23 de abril de 2010

RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA

Responsabilidad social corporativa
La responsabilidad social corporativa (RSC), también llamada responsabilidad social empresarial (RSE), puede definirse como la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental por parte de las empresas, generalmente con el objetivo de mejorar su situación competitiva y valorativa y su valor añadido. El sistema de evaluación de desempeño conjunto de la organización en estas áreas es conocido como el triple resultado.
La responsabilidad social corporativa va más allá del cumplimiento de las leyes y las normas, dando por supuesto su respeto y su estricto cumplimiento. En este sentido, la legislación laboral y las normativas relacionadas con el medio ambiente son el punto de partida con la responsabilidad ambiental. El cumplimiento de estas normativas básicas no se corresponde con la Responsabilidad Social, sino con las obligaciones que cualquier empresa debe cumplir simplemente por el hecho de realizar su actividad. Sería difícilmente comprensible que una empresa alegara actividades de RSE si no ha cumplido o no cumple con la legislación de referencia para su actividad.
Bajo este concepto de administración y de management se engloban un conjunto de prácticas, estrategias y sistemas de gestión empresariales que persiguen un nuevo equilibrio entre las dimensiones económica, social y ambiental. Los antecedentes de la RSE se remontan al siglo XIX en el marco del Cooperativismo y el Asociacionismo que buscaban conciliar eficacia empresarial con principios sociales de democracia, autoayuda, apoyo a la comunidad y justicia distributiva. Sus máximos exponentes en la actualidad son las empresas de Economía social, por definición Empresas Socialmente Responsables. (Tomas, 2003, red).
La responsabilidad social de la empresa (RSE) pretende buscar la excelencia en el seno de la empresa, atendiendo con especial atención a las personas y sus condiciones de trabajo, así como a la calidad de sus procesos productivos.
Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) la responsabilidad social de la empresa es el conjunto de acciones que toman en consideración las empresas para que sus actividades tengan repercusiones positivas sobre la sociedad y que afirman los principios y valores por los que se rigen, tanto en sus propios métodos y procesos internos como en su relación con los demás actores. La RSE es una iniciativa de carácter voluntario.1
Para el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi) la Responsabilidad Social Empresarial es el compromiso consciente y congruente de cumplir integralmente con la finalidad de la empresa tanto en lo interno, como en lo externo, considerando las expectativas de todos sus participantes en lo económico, social o humano y ambiental, demostrando el respeto por los valores éticos, la gente, las comunidades y el medio ambiente y para la construcción del bien común.2
La gestión responsable de la empresa implica que esta actúe conciliando (punto de equilibrio) entre los intereses del negocio y las expectativas que de ella tiene la comunidad (particularmente sus grupos de interés -stakeholders-) (Cajiga,Felipe 2006 Cemefi/Miembro de AliaRSE y Forum Empresa)

Las principales responsabilidades éticas de la empresa con los trabajadores y la comunidad son:
• Servir a la sociedad con productos útiles y en condiciones justas.
• Crear riqueza de la manera más eficaz posible.
• Respetar los derechos humanos con unas condiciones de trabajo dignas que favorezcan la seguridad y salud laboral y el desarrollo humano y profesional de los trabajadores.
• Procurar la continuidad de la empresa y, si es posible, lograr un crecimiento razonable.
• Respetar el medio ambiente evitando en lo posible cualquier tipo de contaminación minimizando la generación de residuos y racionalizando el uso de los recursos naturales y energéticos.
• Cumplir con rigor las leyes, reglamentos, normas y costumbres, respetando los legítimos contratos y compromisos adquiridos.
• Procurar la distribución equitativa de la riqueza generada.3
Normativa básica:
• Declaración tripartita de principios sobre las empresas multinacionales y la política social.4
• Resolución del Parlamento Europeo, de 13 de marzo de 2007, sobre la responsabilidad social de las empresas: una nueva asociación.5
De la filantropía desinteresada a la filantropía corporativa estratégica
Las empresas han comenzado a adoptar la RSC no sólo como resultado de presiones de los consumidores, los proveedores, la comunidad, las organizaciones de activistas, los inversionistas, etc. (también llamados en conjunto stakeholders); la RSC es también una actividad estratégica adicional en la competencia comercial.
La empresa desempeña un papel muy importante en la vida de las personas no sólo como generadora de empleo y de riqueza, sino como agente de desarrollo en las comunidades en la que están insertas. Las grandes empresas son conscientes de ello y aprovechan las expectativas que genera la RSC para obtener ventajas competitivas (ayudan ayudándose). La filantropía corporativa ha dejado de ser una actividad autónoma confiada a una fundación y cada vez más forma parte de las estrategias que contribuyen a realizar el objeto social de la empresa.
Ciudadanía corporativa
Las empresas como miembros de una comunidad deben comportarse como “buenos ciudadanos corporativos”, ajustados a la ética y respeto por las personas y el medio ambiente. En otras palabras, las empresas no sólo tienen una función económica, sino una función social y ambiental.
¿Por qué hablamos de RSE o RSC?
Hay una sutil diferencia en el significado de la responsabilidad social corporativa (RSC) y de la responsabilidad social empresarial (RSE), en la medida en que distinguen entre la empresa y la corporación, entendiendo que ésta última incorpora a todas las organizaciones, empresariales o no e independiente de su tamaño, aunque para muchos ambas expresiones significan lo mismo.
Sí es unánime la diferencia entre RSE o RSC y responsabilidad social (RS). La responsabilidad social se entiende como el compromiso que tienen todos los y las ciudadanas, las instituciones -públicas y privadas- y las organizaciones sociales, en general, para contribuir al aumento del bienestar de la sociedad local y global.
Es necesario decir que con frecuencia, se abrevian indistintamente las tres para referirse a la responsabilidad social corporativa. En todo caso la RS se aplica no sólo a las compañías privadas. La Responsabilidad Social Corporativa (RSC), se ha ampliado para incorporar a las agencias gubernamentales y a otras organizaciones, que tengan un claro interés en mostrar cómo realizan su trabajo.
Historia
Algunos autores señalan el origen del movimiento por la RSC en la década de los treinta y otros en los setenta, pero lo cierto es que desde los años noventa este concepto ha ido cobrando fuerza y evolucionado constantemente, tras el advenimiento de la globalización, el aceleramiento de la actividad económica, la conciencia ecológica y el desarrollo de nuevas tecnologías.
Hay ciertos organismos de carácter internacional que se encargan de delimitar en lo posible el concepto teórico de la RSC, cuyas directrices sirven como orientación para las empresas que se deciden a transitar por este camino. Dentro de los más destacados se podría citar a los siguientes:
• Global Compact (Pacto Mundial) de Naciones Unidas
• Global Reporting Initiative (Iniciativa para la Rendición de Cuentas Global)
Además, existen otras entidades e iniciativas nacionales con una especialización en el tema de la RSC, que están contribuyendo de forma determinante a la creación y difusión de una cultura responsable entre las organizaciones que forman el tejido empresarial de cada país.
Como documento decisivo acerca de la RSC en Europa, destaca el llamado libro verde europeo sobre ésta.6 El artículo 116,7 de la ley francesa sobre nueva reglamentación económica del 2001, incluso impone la obligación jurídica a las empresas, de informar acerca de sus acciones de índole social. En Brasil, la coalición presidida por el izquierdista Luis Ignacio "Lula" Da Silva, en la que participan numerosos empresarios, ha promovido la RSC y existe un proyecto de Ley de Responsabilidad Social de octubre del 2003. Existen normas oficiales acerca de la RSC como la norma SA 8000 (Social Accountability Standard 8000) impulsada por el Council on Economic Priorities y aplicada por SAI,8 así como la norma SGE 21 de Forética,9 única norma en el mundo que certifica globalmente la RSC en todos sus ámbitos, EFR1000 de la Fundación + Familia que incide especialmente en lo que se denominaría "Ámbito Social Interno" de una organización, una nueva norma sobre conciliación laboral que está teniendo un fuerte crecimiento en todo el ámbito de habla hispana.
Según la ONG Accountability en un ranking de los 108 países cuyas empresas tienen un mayor grado de desarrollo de la Responsabilidad Social Empresarial, los líderes son Suecia, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Reino Unido, Noruega y Nueva Zelanda.
Referencias
1. ↑ Guía de recursos sobre responsabilidad social de la empresa (RSE), Organización Internacional del Trabajo [22-11-2007]
2. ↑ [24-04-2009
3. ↑ Bestratén Belloví, Manuel y Pujol Senovilla, Luis (2004) NTP 644: Responsabilidad social de las empresas (II): tipos de responsabilidades y plan de actuación, INSHT, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, España [14-01-2008]
4. ↑ OIT (2006), Declaración tripartita de principios sobre las empresas multinacionales y la política social, Organización Internacional del Trabajo, Ginebra [20-1-2007]
5. ↑ Parlamento Europeo (2007), Resolución, de 13 de marzo de 2007, sobre la responsabilidad social de las empresas: una nueva asociación., en Portal del Parlamento Europeo [21-1-2008]
6. ↑ [1]]
7. ↑ accès à l'article 116 NRE devenu l'article L. 225-102-1 du code du commerce
8. ↑ SA8000 en:SA8000 social accountability standard site officiel SA8000
9. ↑ SGE 21 de Forética

QUE ES LO COMUNITARIO?

Titulo: “Interpelando la dimensión comunitaria en la intervención profesional a la luz de la Nueva Cuestión Social”
Área temática en que se inscribe: Procesos de intervención profesional en la contemporaneidad.
Institución a la que pertenece: Hospital Santojanni
Cesac N º 10 - Hospital Penna.
INTRODUCCIÓN
El presente trabajo persigue como finalidad interrogar la construcción clásica de la categoría trabajo social comunitario a la luz de la nueva cuestión social.
La denominada “crisis de fin de siglo”, caracterizada por la pérdida de las imágenes totalizadoras y por el fuerte impacto en las formas de integración social, cuestiona la intervención de Trabajo Social.
Este marco suscita la reflexión en torno a una serie de ejes, entre los cuales se pueden destacar: ¿Es posible seguir sosteniendo la división caso, grupo y comunidad? ¿Son por sí solos el ámbito territorial y/o la comunión de intereses estructurantes de lo comunitario? ¿El encuentro con la comunidad debe asimilarse al trabajo “extramuros”?
Con la intención de arrojar luz a los interrogantes planteados se desarrolla en el escrito un breve recorrido histórico por el concepto de comunidad y trabajo social comunitario, ciertos aspectos que deben considerarse en la intervención de trabajo social, la incorporación de la dimensión comunitaria como constitutiva de la identidad del sujeto, los horizontes que direccionan la intervención y algunas consideraciones finales.
GÉNESIS Y DESARROLLO DEL TRABAJO COMUNITARIO
El concepto de comunidad y trabajo comunitario antecede al Trabajo Social como disciplina.
En el transcurso del siglo XIX (hacia 1880) en Inglaterra, a raíz de la expansión del industrialismo y del proceso acelerado de urbanización, se crean centros sociales para preservar los “valores humanos y espirituales” apuntando a la integración social en pos de mejorar las condiciones sociales. Esta experiencia se hace extensiva a EE.UU.
En 1925 en la “Conferencia Nacional de Trabajo Social” se plantea el trabajo comunitario como “la forma de ayudar a un grupo de personas a reconocer sus necesidades comunes y a resolver esas necesidades.” Este esquema es tomado como estrategia política colonialista después de la Segunda Guerra Mundial, aplicándose en países asiáticos y africanos.
De esta forma, Inglaterra como país colonialista al ver peligrar sus posesiones, crea un sistema que permite incorporar a las colonias a las políticas oficiales de modernización pero sin cortar el lazo con ellas. Así, surge el Método de Organización y Desarrollo de la Comunidad, el cual se aplica en India en 1946.
El “desarrollo de la comunidad” como estrategia política resultaba una respuesta paliativa al subdesarrollo y un freno a los movimientos de liberación nacional, implementado primero por los ingleses y adoptado luego por los norteamericanos para afirmar su dominio económico. La Organización de las Naciones Unidas recomienda la implantación de este método de trabajo en todos los países para elevar el nivel de vida de la población.
En América Latina la práctica del desarrollo de comunidad tiene un lazo conductor, que es la Alianza para el Progreso, impulsada por los EE.UU. a través del Banco Interamericano de Desarrollo.
Cabe señalar que el Trabajo Social le otorga jerarquía de método en 1943.
El método de organización de la comunidad tiene como objetivo introducir cambios planificados en una comunidad en pos de mejorar los niveles de vida pero sin perseguir transformaciones estructurales en la organización política y social.
Para dar cuenta de la concepción de “comunidad” en este contexto socio- histórico tomamos como representativa la definición dada por Ezequiel Ander Egg: “Comunidad es un grupo territorial de personas con relaciones recíprocas, que se sirven de medios comunes para lograr fines comunes.”
En lo expresado hasta aquí, la comunidad se subordina a una especie de limitación geográfica. El hábitat en común es el principal factor de unidad del grupo, de tal manera que si sus miembros tuvieran que dejarlo, la vida comunitaria se desintegraría.
En este breve recorrido histórico, se destacan postulados que están presentes en la concepción de comunidad y en la forma de intervenir en ella. Así encontramos como componentes comunes:
• estructura acabada y estática
• ausencia de conflicto
• homogeneidad
• territorialidad
• medios comunes y fines comunes característicos de un grupo social organizado y estructurado.
Alrededor de la década del ´70, el proceso de reconceptualización pretende desesquematizar el carácter paternalista con que tradicionalmente se ha trabajado en la comunidad. De esta forma, se empieza a considerar a la comunidad como un sujeto de acción y no como un objeto de atención.
El trabajo comunitario reconceptualizado incorpora variables socio- culturales teniendo como objetivo llevar a cabo transformaciones estructurales. Así, la nueva manera de trabajar en comunidades necesita otra metodología de acción. A partir de este momento se puede hablar de “Promoción Socio-cultural”, definiendo a la misma como el conjunto de programas, actividades o acciones destinadas a ser trabajadas con la participación de la comunidad a los fines de producir transformaciones en los niveles de vida de ésta, incorporando no sólo acciones que satisfagan necesidades de orden material sino socio-culturales, siendo la actividad central la educación de la población.
La promoción comunitaria es un proceso de capacitación democrática, donde los hombres analizan los problemas, buscan soluciones e intervienen en las decisiones que los afectan.
Hernán Kruse, uno de los autores representativos del proceso de reconceptualización, define a la “Comunidad” como: “La unidad social cuyos miembros participan de algún rasgo, interés, elemento o función común, con conciencia de pertenencia y sentido de solidaridad y significación, situados en una determinada área geográfica en la cual la pluralidad de personas interacciona más intensamente entre sí que en otro contexto.”
La definición enunciada integra el elemento geográfico con el organizativo, donde al compartir un espacio territorial se suma la capacidad de conciliar intereses en común por sufrir las mismas condiciones objetivas de existencia. El hecho de tener una trayectoria y elementos de cosmovisión socio- culturales comunes, conduce a definir los problemas y la manera de resolverlos.
A partir de la década del 70 aparecen las primeras manifestaciones de lo que puede denominarse “la crisis de fin de siglo”, éstas son, la idea de pérdida de la totalidad con un fuerte impacto en las formas de integración social, la crisis de los grandes relatos contenedores y la crisis de los Estados de Bienestar.
Las funciones redistributivas del Estado Benefactor, vehiculizadas por el conjunto de instituciones públicas destinadas a elevar la calidad de vida de la fuerza de trabajo de la población y reducir las diferencias sociales, entran en crisis en tanto comienzan a tener fuertes dificultades de financiación, con la consecuente reducción de prestaciones y servicios. La crisis de este Estado se encuentra atravesada por lo económico, lo político y es posible pensarla en relación con la “crisis de sentidos”, es decir, no sólo de recursos, sino de marcos constitutivos y justificativo de éste.
“Ante la parcelación del Estado, se genera una “necesidad” de lo comunitario, que se puede explicar también desde el repliegue de este. Consecuentemente surge una valoración de lo privado y el mercado, este último se integra a la vida cotidiana en una fuerte lucha por la sobrevivencia”.
La crisis de fin de siglo impacta en las prácticas y saberes que intervienen en lo social. De aquí que se haga necesario conformar un marco conceptual que se exprese en nuevas categorías de análisis de la realidad, que considere ciertos aspectos constitutivos de los sujetos de la intervención y que redireccione los horizontes de la misma.ASPECTOS A CONSIDERAR EN LA INTERVENCIÓN COMUNITARIA
• Dialéctica comunidad-sociedad
La concepción tradicional o integracionista consideraba a la comunidad como apéndice disfuncional de la sociedad, estructurado como sector tradicional y retardatario y como asociación de grupos y de personas que tienen vida e intereses en común. Es decir como unidad consensuada a la que se le postulaba la integración al sistema para su armonía. A partir de la redefinición planteada, la comunidad no puede ser conceptuada como una realidad autónoma que pueda ser identificada por elementos distintos del ámbito societal en el cual se sitúa. La comunidad debe ser entendida como proceso particular y singular de la reproducción a nivel societal. Estos problemas a nivel societal no se presentan a modo de reflejo automático en las comunidades, sino que se procesan y expresan particularmente de acuerdo a una doble dinámica: la del propio desarrollo histórico de la comunidad y la que emerge de su relación con otras totalidades del sistema social.
A su vez la sociedad configura diferentes imágenes, visiones y sentidos de lo comunitario; reproduciendo diferencias socioculturales en base a pautas predominantes en la sociedad global que conducen a mirar el ámbito comunitario como exótico o invertido respecto de ésta.
• Espacio social
El aspecto de la territorialidad, si bien es un elemento, no es el único que define a la comunidad. Es necesario considerar los procesos de reproducción social que los sujetos cotidianamente desarrollan en la búsqueda por la subsistencia y la satisfacción de las necesidades.
El espacio como socialmente construido, es resultado de lógicas y complejas interacciones en permanente conflicto y negociación. Esto implica diferentes maneras de apropiación por parte de diferentes grupos sociales. El territorio encierra lógicas, fracturas y heterogeneidades que determinan conflictos y confrontaciones en su interior.
• Síntesis de universos de significados, sentidos y visiones
La comunidad tiene una historia cotidiana significada por las maneras de expresar, sentir, vivir y resolver sus necesidades, así como las formas en las que se estructuran significados y representaciones. Se hace necesario incorporar las lógicas existentes para trabajar desde allí.
Estos universos de significados y sentidos se entrecruzan generando imágenes construidas hacia adentro y hacia fuera de la comunidad sobre la misma y los actores sociales que emergen en su seno.
Las diferentes imágenes se constituyen en pilares sobre los que se asientan las disputas sociales del ámbito comunitario, son el reflejo de las apropiaciones diferenciales que los actores ejercen sobre el escenario; alimentadas y ampliadas desde las representaciones que la sociedad produce con eje en la diferenciación sociocultural.
• Ámbito signado por el conflicto y la negociación a nivel material y simbólico
Los bienes socialmente construidos aparecen formalmente como de todos y a disposición de la totalidad, pero realmente no son de todos y resultan objeto de apropiaciones diferenciales, en términos de García Canclini. De esta manera, aparecen “unos” con voz frente a los “otros”. Estas luchas tienen como finalidad la legitimación en el espacio, las cuales acarrean situaciones de segmentación y segregación socioespacial.
• Dimensión histórica como modeladora del escenario comunitario
Los atributos asignados a la comunidad por parte de aquellos que la conforman se hallan subordinados al eje valorativo del antes-ahora, donde la significación adquiere sin excepción una oposición binaria en la que cada cualidad es más en el “antes” que en el “ahora”.
El pasado no se identifica con la historia cronológica y referencial de la comunidad, representa un ethos mediante el cual esta adquiere modalidades distintivas e identidad como tal.
Asimismo, el pasado opera sobre lo nuevo y asegura la continuidad de los sujetos históricos, pero a partir de la elaboración que desde el presente se hace de él. Esta conjunción constituye un campo de conflicto cultural, que opera en la determinación de lo que debe ser recordado, olvidado y recuperado.
• Identidades sociales constituidas a partir de la diferencia
El término de identidad social hace alusión a personas, agentes sociales distintos que pueden ser, por una característica común, incorporados a una misma clase. Entonces se configuran como pares, los individuos que son diferentes.
La semejanza es fruto de un proceso de aprehensión de lo real, de operaciones de identificación y discriminación. Estos procesos remiten a esquemas de percepción e interpretación social y culturalmente construidos.
Siguiendo esta línea de pensamiento, es importante resaltar que una representación de identidad colectiva no significa la homogeneidad interna del grupo o entre los individuos que comparten una identidad común, por el contrario opera relegando y enmascarando las diferenciaciones interna.
Las representaciones de identidad cumplen funciones organizacionales en el grupo, demarcan sus límites y crean simbólicamente una unidad en torno de intereses o un proyecto común. Por ello puede decirse que una identidad estructura y es estructurada por la dinámica social de las relaciones de poder.
Si se sostiene que la identidad es el propio reconocimiento social de la diferencia, la construcción de una identidad envuelve disputas en el interior del grupo. El proceso de su construcción revelará tensiones dentro del grupo y entre el grupo y la sociedad que lo envuelve.
El concepto de identidad propuesto tiene valor heurístico en la comprensión de las prácticas sociales, intensas y dinámicas, de la urbe moderna.
El agente social se inviste y reviste de múltiples identidades sociales, identidades móviles, inestables, hasta contradictorias entre sí, construidas sobre sistemas de clasificación maleables, cuyos significados varían conforme al contexto social y la posición de quien los aplica. De esta forma, no es posible pensar en términos de una experiencia de la totalidad, ampliamente compartida, capaz de engendrar una identidad social común y duradera. No se trata más de una identidad social como elemento de igualdad/ unidad, como factor de cohesión de la sociedad en su conjunto, son procesos de lucha del individuo para ser reconocido sobre la clasificación que le es más favorable, para diferenciarse de algunos y asemejarse a otros, para incorporar ciertos atributos a una determinada identidad.
Concluyendo, las imputaciones de identidad pretenden atribuir una esencia, fijando el origen y significado de las cosas y, por ende, legitimando una determinada interpretación del mundo social.
INTERPELANDO LA DIMENSIÓN COMUNITARIA DEL SUJETO
Se hace necesario destacar que la comunidad se va descubriendo en los diferentes espacios de intervención a partir del encuentro con la demanda, pudiendo ser definida esta última como una construcción histórico-social que se expresa en un momento dado que otorga las condiciones de posibilidad para que esta expresión emerja. La demanda es creación de los sujetos, de las personas concretas que viven en ese momento histórico, que la construyen en la misma dinámica cotidiana. Está atravesada por representaciones sociales acerca de la profesión: qué hace un trabajador social, acerca de lo que se demanda, la legitimidad del requerimiento y el lugar del sujeto demandante. Los sujetos cargan de significados diferentes a las necesidades y a los objetos de satisfacción de las mismas. Considerarlas como expresiones culturales hace necesario comprenderlas en los propios contextos en los que emergen.
Se concibe al sujeto en un grupo familiar y social, teniendo en cuenta la dimensión subjetiva, relacionando lo individual con procesos generales, incluyendo la dimensión sociocultural, las representaciones que ese sujeto porta.
La intervención de Trabajo Social supone una búsqueda en cuanto a la construcción de un dispositivo capaz de “hace ver” aquello que el otro tiene, elaborado en función de su vinculación con los otros. De este modo, se trata de incorporar la cuestión de la reciprocidad, atribuyéndosele a ésta un alto carácter simbólico, móvil y la aceptación implícita de un código. De ahí la necesidad de acceder desde distintas perspectivas de análisis al carácter material y simbólico de la demanda.
Se incorpora el espacio de intercambio y de encuentro entre los dos sujetos, el trabajador social y los sujetos de la acción profesional. Se sostiene que es importante trabajar sobre las diferencias, no como oposiciones, sino como relaciones (nosotros-otros), operar sobre los espacios de intercambio y las interacciones. Se considera que se debe conocer las representaciones y las prácticas de los sujetos, sin desaparecer los profesionales, que también forman parte de esas relaciones, las condicionan y son condicionados por ellas.
HORIZONTES DE LA INTERVENCIÓN COMUNITARIA
Se considera a la identidad como una vía de ingreso en el marco de la intervención que apunta a reconstruir los lazos sociales. De este modo, la afirmación de lo particular y lo distinto en un espacio en el cual sea factible enfrentarse y reconocerse, nos conduce a revisar los horizontes de la intervención profesional.
El componente identitario permite reconstruir la trama de relaciones que se estructura a partir de lazos sociales asociados a determinados procesos colectivos y que constituye también una circulación de intersubjetividades.
El escenario que se inaugura a partir de la nueva cuestión social revela la existencia de un lazo social que somete a critica la idea de filiación, pertenencia o reconocimiento, pone de manifiesto el particular modo de constitución de lo social y produce un desexistente, un desaparecido de los escenarios de intercambio, quien pierde visibilidad, nombre y palabra.
En el marco de la intervención profesional resulta significativo rastrear las operaciones que despliegan los sujetos, las significaciones producidas, sus efectos en las relaciones sociales y las valoraciones construidas. Esto nos remite a la noción de practicas de subjetividad, cuya producción se inscribe en condiciones sociales y culturales especificas, siguiendo el pensamiento de Silvia Duschatzky (2002).
La reconstrucción de los lazos sociales como horizonte de la intervención profesional se orienta en dirección a reducir los niveles de padecimiento, en tanto posibilita imprimir cierta cuota de certeza en el mundo de lo incierto y tornar visible al sujeto en relación.
CONSIDERACIONES FINALES
Teniendo en cuenta la complejización de lo social, los marcos teóricos y los instrumentos técnicos particulares que conforman el bagaje disciplinario, resultan inadecuados para la intervención profesional actual. Por este motivo consideramos necesario redefinir los aspectos que hacen al abordaje de la dimensión comunitaria en la intervención de Trabajo Social.
Los indicadores del pensamiento ortodoxo sobre la comunidad y el trabajo comunitario, respecto a intereses comunes, esfuerzos mancomunados, ámbito de realización de la solidaridad, no son suficientes para caracterizar la realidad comunitaria actual, atravesada por la nueva cuestión social, esto es, por la pérdida del soporte salarial como forma de inclusión social y la redefinición del rol del Estado. Esto provoca un proceso de fragmentación, debilitamiento de identidades, de representaciones e intereses contradictorios que influyen en la constitución de sujetos colectivos.
El universo de lo simbólico, lo identitario configurado a partir de la diferencia y la incorporación del conflicto conforman, desde nuestra línea de pensamiento, los ejes a considerar en la intervención comunitaria. La dimensión comunitaria es constitutiva y constituyente de la identidad de los sujetos En este sentido, encontramos que nuestro trabajo de análisis interpela la clásica división fragmentaria imperante en el Trabajo Social en relación con los distintos niveles de intervención: caso, grupo y comunidad.
BIBLIOGRAFÍA
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Ruiz, Alicia. “Aportes a la formación de una epistemología jurídica en base a algunos análisis del funcionamiento del discurso jurídico”. 1995.
ÍNDICE
Pág.
Introducción 2
Génesis y desarrollo del trabajo comunitario 3
Aspectos a considerar en la intervención comunitaria 6
Interpelando la dimensión comunitaria del sujeto 9
Horizontes de la intervención comunitaria 10
Consideraciones finales 11
Bibliografía 12
Cabe aclarar que el titulo definitivo del trabajo es el que se menciona en el presente documento, reemplazando al consignado en el abstract.
Ander Egg, Ezequiel: “Metodología y práctica del desarrollo de la comunidad.” Ed. Humánitas, Bs. As. 1965.
Ibidem.
Kruse, Hernán: “Servicio Social e Ideología. El Servicio Social en América Latina”. Ed. Alfa. Montevideo. 1967.
Carballeda, Alfredo: “Del desorden de los cuerpos al orden de la sociedad”. Ed. de la U.N.L.P. Buenos Aires. 2000.
Ibidem.
Gravano, Ariel y Guber, Rosana: “Barrio sí, villa también”. CEAL 320. 1991
Romero, Luis Alberto: “Los sujetos populares urbanos como sujetos históricos” en Cuadernos Instituto Nacional de Antropología 13. Buenos Aires. 1988-91.
Penna, Maura: “O que faz ser nordestino. Identidades sociais, interesses e o escandalo”. Cap. IV: En busca de un concepto de identidad para las sociedades modernas. Eurundina. Cortez Editora. Brasil. 1992.
Carballeda, Alfredo: “El proceso de análisis y la intervención en Trabajo Social” en Jornadas de Análisis de la Intervención Profesional. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Buenos Aires.