Centro de Extensión Universitaria y Proyección Social (CEUPS/LETRAs)
UNMSM
PROGRAMA DE PERFECCIONAMIENTO EN COMUNICACIÓN PARA EL DESARROLLO
SUMILLA
La propuesta que presentamos a continuación es la creación de un Programa de Perfeccionamiento en Comunicación para el Desarrollo, que brinde no sólo a los comunicadores sociales, sino a todos aquellos profesionales que trabajan en el ámbito de la Promoción y Desarrollo Social, las herramientas indispensables para el trabajo de comunicación en proyectos de desarrollo. Ello implica, desde el conocimiento teórico básico sobre la Comunicación Social y la Comunicación para el Desarrollo, el diseño y utilidad de la comunicación en todos sus niveles, a través de la formulación del “Componente Comunicacional” de todo el proyecto de desarrollo; así como la elaboración, ejecución y evaluación de proyectos de comunicación.
OBJETIVOS
1. Diseñar proyectos de desarrollo con perspectiva comunicacional.
2. Elaborar planes y estrategias de comunicación
3. Diseñar, elaborar, ejecutar y evaluar proyectos de comunicación para el desarrollo.
4. Detectar problemas de comunicación en: instituciones, programas o proyectos de desarrollo, y realizar recomendaciones para la solución de conflictos de naturaleza comunicativa; tanto a nivel de público interno, como externo.
T
E
M
A
S
MÓDULO I:
Fundamentos de la Comunicación para el Desarrollo
La Comunicación para el Desarrollo busca, propicia, que los individuos y las comunidades se apropien tanto de los mensajes, como de los medios (en términos de contenido y proceso). Por tanto, se trata de un proceso de comunicación que otorga poder a la comunidad, que busca dar voz a los no escuchados, que es de "muchos-a-muchos”; y que pone el énfasis en contenidos y temáticas locales.
MÓDULO II:
Comunicación intercultural
La comunicación intercultural es una disciplina que tiene como objetivo estudiar la forma en que la gente de diferentes orígenes culturales se comunica entre sí. Se encarga también de producir algunos lineamientos que permitan esta comunicación intercultural. Está orientado a reflexionar sobre la problemática en el Perú y sus consecuencias en los procesos comunicativos.
MÓDULO III:
Elaboración de proyectos
Presenta, desde una perspectiva histórica, los diferentes modelos teóricos que han sustentado las prácticas comunicativas en el ámbito de los proyectos de promoción y desarrollo social; destacando el lugar y la función que la comunicación ha tenido en éstos. Es ésta la base conceptual que sustenta el objetivo principal de este curso, que consiste en brindar los elementos adecuados y necesarios para describir y evaluar las estrategias comunicativas y el logro de los objetivos comunicacionales de los proyectos de desarrollo.
MÓDULO IV:
Relaciones comunitarias, Tratamiento de conflictos y Comunicación estratégica
Los relacionistas comunitarios, facilitadores, promotores, etc., juegan un papel muy importante en el contacto con los diversos grupos sociales, étnicos y culturales que habitan nuestro país, pues de ellos depende, en parte, el impulso del desarrollo de las comunidades y el mejoramiento de las mismas. Para ello, deberán conocer y entender sus componentes y dinámica, y los principios que rigen sus relaciones interpersonales y por ende, comunicacionales.
PROFESORES
Mg. Gina Gogin Sías (COORDINADORA ACADEMICA)
Lic. Pedro Vásquez
Lic. Segundo Armas
DIRIGIDO A: Responsables de elaboración de proyectos. Comunicadores. Público interesado.
DURACIÓN: 4 meses (1 mes x módulo = 64 horas académicas)
Para obtener constancia se requerirá un mínimo de 11 de promedio.
Para obtener certificado se requerirá un mínimo de 14 de promedio.
CEUPS-LETRAS
Literatura y vida cotidiana
lunes, 27 de junio de 2011
domingo, 19 de junio de 2011
ENTREVISTA MG GINA GOGIN A ING LUCIO RIOS
FORTALECER LAS RELACIONES HUMANAS
Su labor como vicepresidente de Minera Tintaya de1995 al 2006 lo hizo experimentar una cultura organizativa basada en el trabajo por equipos considerando a la seguridad industrial, la conservación del medio ambiente y las buenas relaciones con las comunidades del entorno como valores fundamentales del accionar de su compañía. Polémicas aparte, Lucio Ríos Quinteros formó parte de los esfuerzos por aplicar políticas de desarrollo sostenible en una época en la que el devenir de la responsabilidad social empresarial debía apreciarse con larga vistas en el país.
Entrevista: MG. GINA GOGIN
¿Cómo definirías las Relaciones Comunitarias?
Las Relaciones Comunitarias las puedo definir como la interacción que se logra entre una empresa extractiva o una empresa minera con el grupo poblacional donde va a realizar sus actividades mineras de exploraciones o de producción, buscando una forma de relacionarse y lograr un camino de consensos y confianza, de tal manera que pueda desarrollarse el proyecto minero y buscar un desarrollo paralelo para la sociedad. No solamente es esperar a que la comunidad me dé un permiso o lo que se llama una licencia social o consentimiento, sino que también este relacionamiento tiene que ser para el desarrollo de ambas partes: la mina en su minería y la comunidad en los asuntos propios de la comunidad.
¿Cuándo surgió el concepto de Relaciones Comunitarias?
El concepto ha existido desde hace aproximadamente 30 años en el país, por ejemplo en la Mina de Tintaya, cuando en el año ‘81 se constituye la empresa minera Especial Tintaya S.A., se establece un área de Relaciones Comunitarias para los procesos de compra de tierras, de reubicaciones, y relacionamiento con las autoridades locales. Pero donde empieza a tomar más fuerza es a partir de los ‘90s, cuando se inician las inversiones privadas en importantes proyectos mineros y expansiones de las operaciones, y las empresas inician sus actividades sociales.
Coincidentemente también crecen las expectativas y reclamos de las comunidades, empiezan a ser más altas, aparecen organizaciones no gubernamentales que los apoyan, los orientan, los asesoran y van conociendo mejor sus derechos. A fines del ’90 se van presentando casos donde la mayor incidencia de relacionamiento genera también conflictividad social. Por ejemplo, en Tintaya a fines de los ‘90s empiezan los reclamos con mayor intensidad, por hechos que se produjeron en el pasado, inclusive durante la construcción del proyecto, justamente por la compra de tierras, expropiaciones de tierras que se hicieron antes, las comunidades recién empiezan a expresar su disconformidad, su queja, su malestar, y naturalmente allí en Tintaya, el área de relaciones comunitarias de un departamento pequeño que era de dos personas, se pone a lidiar con los primeros conflictos.
A comienzos del 2000 tuvimos que reestructurar toda la organización de la empresa y fundamentalmente toda la parte de Gestión Social: un departamento de Relaciones Comunitarias lo convertimos a una Gerencia de Desarrollo Social. En esta Gerencia de Desarrollo Social tuvimos que convocar a un gerente que pudiese tener una buena interacción y gestión social en el manejo con las comunidades, el relacionamiento adecuado. Me tocó hacer esta reestructuración y hacer la selección del gerente en mi calidad de vicepresidente de la empresa, formamos un equipo multidisciplinario, había como doce personas profesionales entre sociólogos, antropólogos, educadores, trabajadores sociales, los ingenieros agrónomos, etc. Se formó un equipo, pero este equipo como su nombre lo indicaba formaba parte de la Gerencia de Desarrollo Social para hacer desarrollo, pero no podíamos hacer desarrollo porque estábamos involucrados en un permanente conflicto, haciendo el papel de apagar fuegos del día a día. Entonces, este grupo en vez de realizar trabajo de desarrollo con las comunidades se convirtió en el equipo “bombero”, que solamente iba a atender las quejas o donde había problemas, donde había conflictos y estaba envuelto solamente en conflictos. Y en la empresa, por las propias políticas, queríamos trabajar en el desarrollo de la comunidad y no podíamos hacerlo.
Entonces, en el 2001 para buscar un mecanismo mientras se trabaja en resolver los conflictos, buscamos una forma paralela: creamos una fundación, se llama la Fundación Tintaya que hasta ahora existe. Esta fundación se crea para que no esté involucrada en los conflictos y en los problemas del día a día, sino que vaya proyectando y trabajando en proyectos al corto, mediano y largo plazo, proyectos de desarrollo social. Y creamos otra estructura allí: el director de la Fundación empezó con cuatro personas. Hoy en día tiene como 20 a 30 personas trabajando en diferentes proyectos. Pero fue la forma cómo empezamos en una parte a manejar los conflictos y en otra parte trabajar para el desarrollo.
Ahora, en la parte de los conflictos se veía que éstos no eran fácilmente solucionables a corto plazo, parecían imposibles de solucionar, porque las ONGs tenían una presencia muy fuerte, bastante sólida, las comunidades confiaban plenamente en ellos y desconfiaban de nosotros, y nosotros pensábamos que la asistencia legal era suficiente y tuvimos que prepararnos mucho más y más allá de la ley, entender mejor la configuración social que significaba nuestra operación, lo que impactaba a la población, y lo que la población estaba sintiendo hacía 20 años atrás, las diferentes percepciones de nuestro desempeño.
Entonces, optamos en la empresa por hacer un proceso interno de revisión, de autocrítica, una especie de mea culpa, decidimos enfrentar esto buscando un proceso de diálogo responsable para solucionar los diferentes problemas sociales que pudiesen presentarse. Cuando planteamos esto a las Comunidades y las ONGs, la respuesta fue positiva por tratarse de un proceso de concertación serio y ordenado, y en diciembre del 2001 formamos la Mesa de Diálogo de Tintaya para manejar y tratar los principales problemas del conflicto.
Qué poco conocida era la experiencia de la Mesa de Diálogo de Tintaya…
No solamente no conocida. A nivel del gremio minero sí se hizo conocer, pero nos miraban mal, nos miraban como “esta empresa es de otra cultura, una empresa australiana, son muy inocentes o ingenuos, se están dejando engatusar por la ONGs, y van a tener problemas”. Entonces decían que esto se podía manejar de otra manera, pero al final nuestro proceso de la Mesa de Diálogo ha seguido, cada vez en una mejor forma, ganándose cada vez más confianza entre las partes, superando los problemas que se atribuían, buscando soluciones, tomando decisiones por consenso.
Hasta que la Mesa se convierte en un referente de diálogo bastante positivo.
Paralelamente, tuvimos que extender nuestro relacionamiento no solamente con las comunidades de influencia directa a la mina, sino con las otras poblaciones de la provincia de Espinar, que también se sentían de alguna manera impactadas: sea ambientalmente o por la percepción de que la minería no había contribuido al desarrollo. Entonces, también esta población hace planteamientos y movimientos de queja, de conflicto; de una cosa muy local que teníamos de la Mesa de Diálogo pasamos a una configuración provincial.
Y cuando entramos a la provincia con otro proceso de relacionamiento, como ya habíamos ganado experiencia en la Mesa de Diálogo, establecemos otro proceso de concertación con la provincia, con 34 organizaciones, ocho distritos y la provincia misma, con todos ellos, de tal manera que este proceso de concertación nos tomó tres años, hasta que en el 2003 firmamos un convenio marco. El convenio marco dice más o menos que es el convenio para el desarrollo de la provincia de Espinar y el desarrollo de la minería en Espinar. Lo que al comienzo explicaba que el relacionamiento de una empresa con las comunidades a nivel provincial, es para el beneficio de ambas partes, no es sólo para una de las partes.
Y eso marca la pauta para experiencias como la de Las Bambas…
Marca la experiencia adquirida. Ahora Las Bambas tiene la ventaja de que es un proyecto nuevo y no tiene pasivos como los que tenía Tintaya. Tintaya es una operación que empezó hace 30 años atrás y Las Bambas es un proyecto nuevo que ha tenido algunas dificultades naturalmente, pero también parte del equipo viene de Tintaya, por ejemplo, el gerente general del proyecto Las Bambas es un ingeniero metalurgista formado en Tintaya, a la cultura de trabajo y organizacional de Tintaya y él fue testigo de los procesos de diálogo y concertación con la provincia de Espinar, porque él es de Espinar y sabía muy bien.
Este ingeniero metalurgista antes fue un campesino, tenía propiedades, tenía ganadería, pero era un ganadero emprendedor, de mucho éxito porque su ganadería destacaba en la provincia y ganaba los premios de las ferias. Es decir, conoce muy bien la cultura, la idiosincrasia de la gente, de la población y de sus paisanos, y habla perfectamente el quechua y el inglés, es totalmente quechua-hablante.
Entonces, sus competencias profesionales, su experiencia en Tintaya, su conocimiento de la realidad cultural, social de la zona, su forma de ser y hablar el quechua fueron elementos importantes para el éxito que tuvo en Las Bambas, ese es el valor que tiene Las Bambas, aparte del valor del proyecto.
¿Y tú crees que toda esta experiencia que cuentas haya surgido cuando encontrabas el rechazo de las comunidades?
Bueno, siempre por las historias y los pasivos sociales y ambientales que hay, había grupos que tal vez no confiaban en uno, no confiaban en mí, y yo tuve que hacer mi papel, tomar muy en serio que yo soy el nexo entre la empresa y la comunidad, que de mí dependían las áreas de Desarrollo Social, las de la Fundación, las de Comunicación, las de Medio Ambiente, las de Legal y tenía que integrar a todas estas áreas y liderar el proceso de tal manera que recuperáramos la confianza de la población y nos enfocáramos en el desarrollo conjunto.
En el proceso de la Mesa de Diálogo esto se fue trabajando hasta recuperar progresivamente esa confianza. Cuando recuperas la confianza recién puedes entrar a analizar los problemas y buscar soluciones, si no has recuperado la confianza no puedes hacer nada absolutamente. Entonces, esa es una experiencia muy grande, y viendo el panorama en el país, muchas empresas han creado su área de Relaciones Comunitarias, pero también en algunos casos se buscan soluciones inmediatas, como lograr el convencimiento de la comunidad para un permiso de exploraciones, sin una evaluación integral y visión de largo plazo.
¿Qué puedes decir sobre la búsqueda del convencimiento?
Muchas veces buscamos convencerlos rápidamente, pero todavía algunas empresas están entendiendo que es un proceso de relacionamiento duradero a largo plazo para el desarrollo de todos, muchas empresas están orientadas a eso. Creo que un elemento que ha dado un paso fundamental en el desarrollo social ha sido el aporte voluntario que es el modelo del convenio marco del 2003 que se firmó en Espinar. Ese modelo ha sido replicado ya para toda la minería en el 2006, se llama Fondo Minero de Solidaridad con el Pueblo o Aporte Voluntario. Con esto, casi todas las empresas: las grandes, las medianas y las chicas formales se han adherido a este convenio, ya tienen fondos tangibles para trabajar con las comunidades, cosa que antes no teníamos. Antes no tenían ni presupuesto para la parte de comunidades, los presupuestos eran mínimos, la gente de Relaciones Comunitarias no podía hacer nada, ahora ya tienen recursos y presupuestos. Entonces, yo creo que eso ha sido un gran avance para el trabajo directo de las empresas en el desarrollo social de las comunidades.
¿Cómo evalúas la situación actual?
Ahora sí, todas las compañías tienen su área de Relaciones Comunitarias que progresivamente van entendiendo que tienen que trabajar por un desarrollo conjunto. Yo creo que las circunstancias que se han presentado y que se siguen presentando son lecciones que las compañías progresistas van captando y van aprovechando esas experiencias para dar mejores prácticas, todavía es un tramo por recorrer, pero sí se va en ese camino.
¿Qué rol juega la comunicación en estos procesos sociales?
Bueno, la comunicación es importante, es un elemento transversal de relacionamiento con las comunidades, porque la comunicación viene desde la primera persona de la empresa que va a tener contacto con la población o la comunidad. Desde la forma cómo se presenta, las actitudes que tenga, la postura que tenga, los gestos y actitudes… en fin todos estos elementos, cómo logra el primer contacto: el primer chofer, el primer topógrafo, el primer geólogo que se relacione. Entonces, desde allí empieza y es permanente, es continua. No quiere decir que porque hoy día me comuniqué bien, me salió de maravilla, mañana me olvido, no, esto es permanente.
¿Crees que la comunicación es importante en este ámbito de trabajo? ¿Debería ser parte de las competencias de un relacionista comunitario?
Claro, por eso es importante que las empresas se integren con equipos interdisciplinarios e integrando a toda la organización de la empresa, adicionalmente deben tener componentes de gente local que sale al campo. Ahora, el perfil de un profesional de Relaciones Comunitarias va más allá.
Por lo menos ¿qué habilidades básicas debería tener?
Lo primero, para mí debería ser una persona que tenga una visión minera, que sepa para qué es la mina y por qué está la mina; y luego que tenga una formación con visión social, que sepa por qué está la población y qué cosa quiere la población. Para entrar más en detalle, una persona que pueda lograr empatía con el grupo poblacional que está trabajando, que pueda tener llegada, química y logre involucrar a todos los grupos de interés, maneje y prevenga conflictos.
Rapport, en antropología…
Eso, que pueda tener todos esos elementos, obviamente que pueda tener una actitud sencilla, no de soberbia, humildad, ser muy amigable, muy cordial, de tratar de superar en lo máximo posible la asimetría. Somos grupos muy asimétricos, siempre en la compañía minera, hay grupos que por el poder económico por ejemplo, se sienten con mucha fuerza, con mucho poder y la comunidad no. Hay que tratar de equilibrar esa asimetría, buscar una simetría o equilibrio, crear en conjunto su guía de relacionamiento, a veces le llamamos guía de conducta, reglas de juego, cómo vamos a trabajar las partes, eso hay que crearlo de manera conjunta.
¿Crees que sería necesaria una metodología que combine el aprendizaje y la participación como tipo de relacionamiento?
Ahora lo que yo veo es que los profesionales mineros o relacionados a la ingeniería de mina, estamos formados bien técnicamente, pero no hemos desarrollado competencias humanas y sociales, en eso debemos seguir trabajando.
Ni competencias interculturales…
Ni interculturales. Entonces, es una buena oportunidad para que las personas que están en Relaciones Comunitarias fortalezcan sus capacidades de interculturalidad, fortalezcan el manejo de personas, fortalezcan el relacionamiento humano, que le va a servir hasta en su vida personal, familiar.
Hay que mirarse hacia adentro…
Así es mirarse hacia adentro. Eso es muy importante y ayuda tremendamente.
Lucio, te agradezco mucho esta entrevista y espero que sigan los éxitos, no sé si tienes algo más qué decir.
Bueno, esta es una tarea muy importante que da para largo. Yo también sigo aprendiendo en mi vida, no es que ya tenga toda la receta, pero sí planteo mi experiencia como reflexiones, como orientaciones para que podamos ir aprendiendo y captando mejor. Yo estoy muy atento a todas las innovaciones que se van dando en este campo social para mejorar mi norte, mi visión. Gracias.
Entrevista a Lucio Ríos
Por Mg. Gina Gogin.
Su labor como vicepresidente de Minera Tintaya de1995 al 2006 lo hizo experimentar una cultura organizativa basada en el trabajo por equipos considerando a la seguridad industrial, la conservación del medio ambiente y las buenas relaciones con las comunidades del entorno como valores fundamentales del accionar de su compañía. Polémicas aparte, Lucio Ríos Quinteros formó parte de los esfuerzos por aplicar políticas de desarrollo sostenible en una época en la que el devenir de la responsabilidad social empresarial debía apreciarse con larga vistas en el país.
Entrevista: MG. GINA GOGIN
¿Cómo definirías las Relaciones Comunitarias?
Las Relaciones Comunitarias las puedo definir como la interacción que se logra entre una empresa extractiva o una empresa minera con el grupo poblacional donde va a realizar sus actividades mineras de exploraciones o de producción, buscando una forma de relacionarse y lograr un camino de consensos y confianza, de tal manera que pueda desarrollarse el proyecto minero y buscar un desarrollo paralelo para la sociedad. No solamente es esperar a que la comunidad me dé un permiso o lo que se llama una licencia social o consentimiento, sino que también este relacionamiento tiene que ser para el desarrollo de ambas partes: la mina en su minería y la comunidad en los asuntos propios de la comunidad.
¿Cuándo surgió el concepto de Relaciones Comunitarias?
El concepto ha existido desde hace aproximadamente 30 años en el país, por ejemplo en la Mina de Tintaya, cuando en el año ‘81 se constituye la empresa minera Especial Tintaya S.A., se establece un área de Relaciones Comunitarias para los procesos de compra de tierras, de reubicaciones, y relacionamiento con las autoridades locales. Pero donde empieza a tomar más fuerza es a partir de los ‘90s, cuando se inician las inversiones privadas en importantes proyectos mineros y expansiones de las operaciones, y las empresas inician sus actividades sociales.
Coincidentemente también crecen las expectativas y reclamos de las comunidades, empiezan a ser más altas, aparecen organizaciones no gubernamentales que los apoyan, los orientan, los asesoran y van conociendo mejor sus derechos. A fines del ’90 se van presentando casos donde la mayor incidencia de relacionamiento genera también conflictividad social. Por ejemplo, en Tintaya a fines de los ‘90s empiezan los reclamos con mayor intensidad, por hechos que se produjeron en el pasado, inclusive durante la construcción del proyecto, justamente por la compra de tierras, expropiaciones de tierras que se hicieron antes, las comunidades recién empiezan a expresar su disconformidad, su queja, su malestar, y naturalmente allí en Tintaya, el área de relaciones comunitarias de un departamento pequeño que era de dos personas, se pone a lidiar con los primeros conflictos.
A comienzos del 2000 tuvimos que reestructurar toda la organización de la empresa y fundamentalmente toda la parte de Gestión Social: un departamento de Relaciones Comunitarias lo convertimos a una Gerencia de Desarrollo Social. En esta Gerencia de Desarrollo Social tuvimos que convocar a un gerente que pudiese tener una buena interacción y gestión social en el manejo con las comunidades, el relacionamiento adecuado. Me tocó hacer esta reestructuración y hacer la selección del gerente en mi calidad de vicepresidente de la empresa, formamos un equipo multidisciplinario, había como doce personas profesionales entre sociólogos, antropólogos, educadores, trabajadores sociales, los ingenieros agrónomos, etc. Se formó un equipo, pero este equipo como su nombre lo indicaba formaba parte de la Gerencia de Desarrollo Social para hacer desarrollo, pero no podíamos hacer desarrollo porque estábamos involucrados en un permanente conflicto, haciendo el papel de apagar fuegos del día a día. Entonces, este grupo en vez de realizar trabajo de desarrollo con las comunidades se convirtió en el equipo “bombero”, que solamente iba a atender las quejas o donde había problemas, donde había conflictos y estaba envuelto solamente en conflictos. Y en la empresa, por las propias políticas, queríamos trabajar en el desarrollo de la comunidad y no podíamos hacerlo.
Entonces, en el 2001 para buscar un mecanismo mientras se trabaja en resolver los conflictos, buscamos una forma paralela: creamos una fundación, se llama la Fundación Tintaya que hasta ahora existe. Esta fundación se crea para que no esté involucrada en los conflictos y en los problemas del día a día, sino que vaya proyectando y trabajando en proyectos al corto, mediano y largo plazo, proyectos de desarrollo social. Y creamos otra estructura allí: el director de la Fundación empezó con cuatro personas. Hoy en día tiene como 20 a 30 personas trabajando en diferentes proyectos. Pero fue la forma cómo empezamos en una parte a manejar los conflictos y en otra parte trabajar para el desarrollo.
Ahora, en la parte de los conflictos se veía que éstos no eran fácilmente solucionables a corto plazo, parecían imposibles de solucionar, porque las ONGs tenían una presencia muy fuerte, bastante sólida, las comunidades confiaban plenamente en ellos y desconfiaban de nosotros, y nosotros pensábamos que la asistencia legal era suficiente y tuvimos que prepararnos mucho más y más allá de la ley, entender mejor la configuración social que significaba nuestra operación, lo que impactaba a la población, y lo que la población estaba sintiendo hacía 20 años atrás, las diferentes percepciones de nuestro desempeño.
Entonces, optamos en la empresa por hacer un proceso interno de revisión, de autocrítica, una especie de mea culpa, decidimos enfrentar esto buscando un proceso de diálogo responsable para solucionar los diferentes problemas sociales que pudiesen presentarse. Cuando planteamos esto a las Comunidades y las ONGs, la respuesta fue positiva por tratarse de un proceso de concertación serio y ordenado, y en diciembre del 2001 formamos la Mesa de Diálogo de Tintaya para manejar y tratar los principales problemas del conflicto.
Qué poco conocida era la experiencia de la Mesa de Diálogo de Tintaya…
No solamente no conocida. A nivel del gremio minero sí se hizo conocer, pero nos miraban mal, nos miraban como “esta empresa es de otra cultura, una empresa australiana, son muy inocentes o ingenuos, se están dejando engatusar por la ONGs, y van a tener problemas”. Entonces decían que esto se podía manejar de otra manera, pero al final nuestro proceso de la Mesa de Diálogo ha seguido, cada vez en una mejor forma, ganándose cada vez más confianza entre las partes, superando los problemas que se atribuían, buscando soluciones, tomando decisiones por consenso.
Hasta que la Mesa se convierte en un referente de diálogo bastante positivo.
Paralelamente, tuvimos que extender nuestro relacionamiento no solamente con las comunidades de influencia directa a la mina, sino con las otras poblaciones de la provincia de Espinar, que también se sentían de alguna manera impactadas: sea ambientalmente o por la percepción de que la minería no había contribuido al desarrollo. Entonces, también esta población hace planteamientos y movimientos de queja, de conflicto; de una cosa muy local que teníamos de la Mesa de Diálogo pasamos a una configuración provincial.
Y cuando entramos a la provincia con otro proceso de relacionamiento, como ya habíamos ganado experiencia en la Mesa de Diálogo, establecemos otro proceso de concertación con la provincia, con 34 organizaciones, ocho distritos y la provincia misma, con todos ellos, de tal manera que este proceso de concertación nos tomó tres años, hasta que en el 2003 firmamos un convenio marco. El convenio marco dice más o menos que es el convenio para el desarrollo de la provincia de Espinar y el desarrollo de la minería en Espinar. Lo que al comienzo explicaba que el relacionamiento de una empresa con las comunidades a nivel provincial, es para el beneficio de ambas partes, no es sólo para una de las partes.
Y eso marca la pauta para experiencias como la de Las Bambas…
Marca la experiencia adquirida. Ahora Las Bambas tiene la ventaja de que es un proyecto nuevo y no tiene pasivos como los que tenía Tintaya. Tintaya es una operación que empezó hace 30 años atrás y Las Bambas es un proyecto nuevo que ha tenido algunas dificultades naturalmente, pero también parte del equipo viene de Tintaya, por ejemplo, el gerente general del proyecto Las Bambas es un ingeniero metalurgista formado en Tintaya, a la cultura de trabajo y organizacional de Tintaya y él fue testigo de los procesos de diálogo y concertación con la provincia de Espinar, porque él es de Espinar y sabía muy bien.
Este ingeniero metalurgista antes fue un campesino, tenía propiedades, tenía ganadería, pero era un ganadero emprendedor, de mucho éxito porque su ganadería destacaba en la provincia y ganaba los premios de las ferias. Es decir, conoce muy bien la cultura, la idiosincrasia de la gente, de la población y de sus paisanos, y habla perfectamente el quechua y el inglés, es totalmente quechua-hablante.
Entonces, sus competencias profesionales, su experiencia en Tintaya, su conocimiento de la realidad cultural, social de la zona, su forma de ser y hablar el quechua fueron elementos importantes para el éxito que tuvo en Las Bambas, ese es el valor que tiene Las Bambas, aparte del valor del proyecto.
¿Y tú crees que toda esta experiencia que cuentas haya surgido cuando encontrabas el rechazo de las comunidades?
Bueno, siempre por las historias y los pasivos sociales y ambientales que hay, había grupos que tal vez no confiaban en uno, no confiaban en mí, y yo tuve que hacer mi papel, tomar muy en serio que yo soy el nexo entre la empresa y la comunidad, que de mí dependían las áreas de Desarrollo Social, las de la Fundación, las de Comunicación, las de Medio Ambiente, las de Legal y tenía que integrar a todas estas áreas y liderar el proceso de tal manera que recuperáramos la confianza de la población y nos enfocáramos en el desarrollo conjunto.
En el proceso de la Mesa de Diálogo esto se fue trabajando hasta recuperar progresivamente esa confianza. Cuando recuperas la confianza recién puedes entrar a analizar los problemas y buscar soluciones, si no has recuperado la confianza no puedes hacer nada absolutamente. Entonces, esa es una experiencia muy grande, y viendo el panorama en el país, muchas empresas han creado su área de Relaciones Comunitarias, pero también en algunos casos se buscan soluciones inmediatas, como lograr el convencimiento de la comunidad para un permiso de exploraciones, sin una evaluación integral y visión de largo plazo.
¿Qué puedes decir sobre la búsqueda del convencimiento?
Muchas veces buscamos convencerlos rápidamente, pero todavía algunas empresas están entendiendo que es un proceso de relacionamiento duradero a largo plazo para el desarrollo de todos, muchas empresas están orientadas a eso. Creo que un elemento que ha dado un paso fundamental en el desarrollo social ha sido el aporte voluntario que es el modelo del convenio marco del 2003 que se firmó en Espinar. Ese modelo ha sido replicado ya para toda la minería en el 2006, se llama Fondo Minero de Solidaridad con el Pueblo o Aporte Voluntario. Con esto, casi todas las empresas: las grandes, las medianas y las chicas formales se han adherido a este convenio, ya tienen fondos tangibles para trabajar con las comunidades, cosa que antes no teníamos. Antes no tenían ni presupuesto para la parte de comunidades, los presupuestos eran mínimos, la gente de Relaciones Comunitarias no podía hacer nada, ahora ya tienen recursos y presupuestos. Entonces, yo creo que eso ha sido un gran avance para el trabajo directo de las empresas en el desarrollo social de las comunidades.
¿Cómo evalúas la situación actual?
Ahora sí, todas las compañías tienen su área de Relaciones Comunitarias que progresivamente van entendiendo que tienen que trabajar por un desarrollo conjunto. Yo creo que las circunstancias que se han presentado y que se siguen presentando son lecciones que las compañías progresistas van captando y van aprovechando esas experiencias para dar mejores prácticas, todavía es un tramo por recorrer, pero sí se va en ese camino.
¿Qué rol juega la comunicación en estos procesos sociales?
Bueno, la comunicación es importante, es un elemento transversal de relacionamiento con las comunidades, porque la comunicación viene desde la primera persona de la empresa que va a tener contacto con la población o la comunidad. Desde la forma cómo se presenta, las actitudes que tenga, la postura que tenga, los gestos y actitudes… en fin todos estos elementos, cómo logra el primer contacto: el primer chofer, el primer topógrafo, el primer geólogo que se relacione. Entonces, desde allí empieza y es permanente, es continua. No quiere decir que porque hoy día me comuniqué bien, me salió de maravilla, mañana me olvido, no, esto es permanente.
¿Crees que la comunicación es importante en este ámbito de trabajo? ¿Debería ser parte de las competencias de un relacionista comunitario?
Claro, por eso es importante que las empresas se integren con equipos interdisciplinarios e integrando a toda la organización de la empresa, adicionalmente deben tener componentes de gente local que sale al campo. Ahora, el perfil de un profesional de Relaciones Comunitarias va más allá.
Por lo menos ¿qué habilidades básicas debería tener?
Lo primero, para mí debería ser una persona que tenga una visión minera, que sepa para qué es la mina y por qué está la mina; y luego que tenga una formación con visión social, que sepa por qué está la población y qué cosa quiere la población. Para entrar más en detalle, una persona que pueda lograr empatía con el grupo poblacional que está trabajando, que pueda tener llegada, química y logre involucrar a todos los grupos de interés, maneje y prevenga conflictos.
Rapport, en antropología…
Eso, que pueda tener todos esos elementos, obviamente que pueda tener una actitud sencilla, no de soberbia, humildad, ser muy amigable, muy cordial, de tratar de superar en lo máximo posible la asimetría. Somos grupos muy asimétricos, siempre en la compañía minera, hay grupos que por el poder económico por ejemplo, se sienten con mucha fuerza, con mucho poder y la comunidad no. Hay que tratar de equilibrar esa asimetría, buscar una simetría o equilibrio, crear en conjunto su guía de relacionamiento, a veces le llamamos guía de conducta, reglas de juego, cómo vamos a trabajar las partes, eso hay que crearlo de manera conjunta.
¿Crees que sería necesaria una metodología que combine el aprendizaje y la participación como tipo de relacionamiento?
Ahora lo que yo veo es que los profesionales mineros o relacionados a la ingeniería de mina, estamos formados bien técnicamente, pero no hemos desarrollado competencias humanas y sociales, en eso debemos seguir trabajando.
Ni competencias interculturales…
Ni interculturales. Entonces, es una buena oportunidad para que las personas que están en Relaciones Comunitarias fortalezcan sus capacidades de interculturalidad, fortalezcan el manejo de personas, fortalezcan el relacionamiento humano, que le va a servir hasta en su vida personal, familiar.
Hay que mirarse hacia adentro…
Así es mirarse hacia adentro. Eso es muy importante y ayuda tremendamente.
Lucio, te agradezco mucho esta entrevista y espero que sigan los éxitos, no sé si tienes algo más qué decir.
Bueno, esta es una tarea muy importante que da para largo. Yo también sigo aprendiendo en mi vida, no es que ya tenga toda la receta, pero sí planteo mi experiencia como reflexiones, como orientaciones para que podamos ir aprendiendo y captando mejor. Yo estoy muy atento a todas las innovaciones que se van dando en este campo social para mejorar mi norte, mi visión. Gracias.
Entrevista a Lucio Ríos
Por Mg. Gina Gogin.
sábado, 4 de junio de 2011
MG. GINA GOGIN : DIAGNOSTICO COMUNICACIONAL
Diagnóstico Comunicacional
Desde nuestros orígenes como seres humanos, deseamos desde siempre llegar al conocimiento según nuestras necesidades y en base a ella una vez satisfecha desarrollarnos y seguir buscando más conocimiento e información según nuestro contexto y personas que nos rodean. Por ellos el diagnóstico es considerado una estrategia de producción de conocimiento acerca de determinada realidad con la particularidad de estar orientada por la voluntad consiente de modificar esa realidad, adoptando que la sociedad queden menos librados de la improvisación. Todo ello se inicia con el proceso de conocer a la sociedad.
La situación de comunicación no es en sí misma, no se agota sobre sí misma, por el contrario necesita de un contexto, de actores y un proceso para ser una situación de comunicación. Es la institución y su sistema de relaciones, sus conflictos. Es también su historia, expresada en la memoria institucional. Es además su identidad, manifiesta en su filosofía y en las manifestaciones de la misma.
En el aspecto de la comunicación, el diagnósticar es analizar de manera sistemática el sentido de actores sociales producen en una determinada situación social, a partir de sus contextos y de sus propias historias personales que cobran sentido en el marco de una cultura. Lo individual, lo grupal y lo masivo se entrecruzan aquí para tejerse en una trama de sentidos. La comunicación debe entender precisamente como esa compleja trama de sentidos que incluye lo personal y lo colectivo, lo masivo y, en definitiva, la cultura como expresión de los múltiples sentidos y del sentido común.
Es por ello que, todos los aspectos deben ser contemplados, porque todos están en relación y marcan el conjunto de las relaciones humanas.
Para establecer diagnóstico tenemos que enfrentarnos entonces a una realidad y en toda realidad hay actores, cada actor implica una interpretación diferente a su realidad.
En este sentido, diagnosticar la comunicación nos sumerge en pensar en una cultura y una comunicación masiva como espacios claves para la producción de sentidos predominantes del orden social en tanto emisores y receptores, productores y consumidores negociarán allí sentidos, aunque la negociación se realice en términos desiguales ya que, mientras unos actúan en situaciones de poder, otros lo hacen desde posiciones subalternas.
Nombre: Cynthia Silva Rivadeneira
Desde nuestros orígenes como seres humanos, deseamos desde siempre llegar al conocimiento según nuestras necesidades y en base a ella una vez satisfecha desarrollarnos y seguir buscando más conocimiento e información según nuestro contexto y personas que nos rodean. Por ellos el diagnóstico es considerado una estrategia de producción de conocimiento acerca de determinada realidad con la particularidad de estar orientada por la voluntad consiente de modificar esa realidad, adoptando que la sociedad queden menos librados de la improvisación. Todo ello se inicia con el proceso de conocer a la sociedad.
La situación de comunicación no es en sí misma, no se agota sobre sí misma, por el contrario necesita de un contexto, de actores y un proceso para ser una situación de comunicación. Es la institución y su sistema de relaciones, sus conflictos. Es también su historia, expresada en la memoria institucional. Es además su identidad, manifiesta en su filosofía y en las manifestaciones de la misma.
En el aspecto de la comunicación, el diagnósticar es analizar de manera sistemática el sentido de actores sociales producen en una determinada situación social, a partir de sus contextos y de sus propias historias personales que cobran sentido en el marco de una cultura. Lo individual, lo grupal y lo masivo se entrecruzan aquí para tejerse en una trama de sentidos. La comunicación debe entender precisamente como esa compleja trama de sentidos que incluye lo personal y lo colectivo, lo masivo y, en definitiva, la cultura como expresión de los múltiples sentidos y del sentido común.
Es por ello que, todos los aspectos deben ser contemplados, porque todos están en relación y marcan el conjunto de las relaciones humanas.
Para establecer diagnóstico tenemos que enfrentarnos entonces a una realidad y en toda realidad hay actores, cada actor implica una interpretación diferente a su realidad.
En este sentido, diagnosticar la comunicación nos sumerge en pensar en una cultura y una comunicación masiva como espacios claves para la producción de sentidos predominantes del orden social en tanto emisores y receptores, productores y consumidores negociarán allí sentidos, aunque la negociación se realice en términos desiguales ya que, mientras unos actúan en situaciones de poder, otros lo hacen desde posiciones subalternas.
Nombre: Cynthia Silva Rivadeneira
PERFIL DEL COMUNICADOR PARA EL DESARROLLO. CURSO MG.GINA GOGIN
Comunicadores para el desarrollo
Mas allá de un simple perfil…
Laura Gonzales
De nada sigue sirviendo en lo absoluto, que miles de niños, de las zonas más alejadas y desfavorecidas del Perú, cuenten con computadoras en sus aulas en las que aun están aprendiendo las primeras letras, sentados en ladrillos, que hacen las veces de sillas. O que, mujeres gestantes tengan una posta médica donde hacerse sus controles pre natales, cuando ni siquiera alguien se ha acercado a ellas para explicarles de la importancia de cuidar aun mas su salud, en esta etapa. O que a decenas de personas de la tercera edad, se les brinde la facilidad de familiarizarse con internet –a pocos metros de su casa- gracias a talleres gratuitos, porque previamente no han gozado de una etapa de sensibilización.
Como los casos anteriores, tan comunes por cierto, podríamos seguir citando un sin número de ejemplos para denotar que cuando no existe la participación activa de todos los involucrados en un Proyecto Social, cualquier esfuerzo que se hagan por generar un impacto cualitativo será ocioso. Sin embargo, día tras día, autoridades políticas, representantes de ONGs, gestores, etc., se ocupan de diseñar cuanto proyecto se le sugiera, se le plantee, tengan a su alcance o simplemente se les ocurra en la cabeza o se les antoje. Cada uno por un motivo particular.
Hace algunos días conversaba con una socióloga amiga, que había sido convocada a un puesto de una cartera ministerial para elaborar proyectos como si fueran fotocopias, uno tras otro. La idea era gastar todo el dinero destinado a este campo, objetivo que no se había cumplido de manera sistematizada a lo largo de los casi cinco años de gobierno aprista. Ella veía, con estupor, si con estupor, cómo sin mayor criterio que el justificar un trabajo de este orden, se hacían proyectos productivos, educativos, de salud…etc. De todo como en botica.
Entonces la reflexión era como es que se convoca a profesionales de diferentes disciplinas y, desde luego, amigos de la argolla para que ejecuten algo del cual no tienen ni la más ápice idea. Para quienes lo más importante es la medición del impacto en términos cuantitativos, es decir, el número de beneficiados, como si una persona fuera a un número y nada más.
Ya es tiempo que los comunicadores reivindiquemos ese espacio que por ignorancia o conveniencia de los que diseñan los puestos laborales para participar en los procesos de desarrollo, se nos ha dejado de otorgar. Pero, nada de esto será posible si nosotros los profesionales de la comunicación no nos preparamos para asumir los grandes retos, el más importante¬: empoderar a todos los involucrados, haciéndolos sentir que son parte de y que no son los aislados de siempre, a los que solo se les busca para hacer experimentos o llenarse los bolsillos de plata.
Como bien dice la investigadora Gina Gogin, los comunicadores para el desarrollo deben trabajar en un *proceso de comunicación que otorgue poder, empodere a la comunidad, que busque dar voz a los no escuchados, que es de muchos a muchos, y que pone el énfasis en contenidos y temáticas locales.
¿Y cómo lo hacemos? La respuesta es, adecuándonos al perfil. Según Violeta Hoshi, Consultora Senior de Recursos Humanos y Coordinadora del Diploma de Formación en Coaching Profesional (2007-2010), docente CENTRUM y docente Maestría en Gerencia Social de la PUCP, uno de las principales competencias que debería tener un comunicador para el desarrollo es ”amplitud y autocontrol. Esto quiere decir, adaptarse con versatilidad a distintas culturas, contextos, situaciones y restricciones, adaptarse a distintos puntos de vista para beneficiar a los nuevos procesos o relaciones; conducirse con racionalidad y serenidad, manteniendo un clima adecuado con quienes trabaja, ya sean sus pares o personas subordinadas” En mi opinión discrepo con la palabra subordinadas y es que en el ejercicio de una comunicación tendiente a crear vínculos cercanos para conocer más a cabalidad a las personas, lo que debería existir es un trabajo netamente horizontal. La palabra subordinación, nos puede llevar a iniciar un proceso de comunicación con prejuicios.
Otra de las competencias del comunicador para el desarrollo es el pensamiento lógico. Según Hoshi, es aquella persona que analiza, comprende y sintetiza información de manera sistémica, ubicando causas y efectos posibles, anticipando escenarios para analizar alternativas a priori. Utiliza este procesamiento de información para dar soluciones estratégicas a las demandas de su trabajo, demostrando criterio para establecer prioridades en sus procesos de trabajo.
Pero, hay una competencia que es ineludible en quienes aspiramos a ser verdaderos comunicadores para el desarrollo y esta es, siempre en análisis de la doctora Hoshi, la credibilidad tanto técnica como personal. Diría yo, mas de índole personal. Y es que gracias a que tratamos de actuar con transparencia, los involucrados, los stakeholders tomaran mayor confianza con nosotros y se abrirán con sus confidencias, para ayudarnos en un diagnostico más certero. Solo así seremos capaces de resolver los problemas más complejos y nos convertiremos muy pronto en sus referentes de consulta, para su toma de decisiones, incluso.
En definitiva, un comunicador para el desarrollo tendría que ser quien participe, empodere, comunique, sensibilice y, principalmente, se sienta siempre parte de ese grupo a quienes se aspira a mejorarle, realmente, su calidad de vida. Un ser comprometido. En eso estamos.
Mas allá de un simple perfil…
Laura Gonzales
De nada sigue sirviendo en lo absoluto, que miles de niños, de las zonas más alejadas y desfavorecidas del Perú, cuenten con computadoras en sus aulas en las que aun están aprendiendo las primeras letras, sentados en ladrillos, que hacen las veces de sillas. O que, mujeres gestantes tengan una posta médica donde hacerse sus controles pre natales, cuando ni siquiera alguien se ha acercado a ellas para explicarles de la importancia de cuidar aun mas su salud, en esta etapa. O que a decenas de personas de la tercera edad, se les brinde la facilidad de familiarizarse con internet –a pocos metros de su casa- gracias a talleres gratuitos, porque previamente no han gozado de una etapa de sensibilización.
Como los casos anteriores, tan comunes por cierto, podríamos seguir citando un sin número de ejemplos para denotar que cuando no existe la participación activa de todos los involucrados en un Proyecto Social, cualquier esfuerzo que se hagan por generar un impacto cualitativo será ocioso. Sin embargo, día tras día, autoridades políticas, representantes de ONGs, gestores, etc., se ocupan de diseñar cuanto proyecto se le sugiera, se le plantee, tengan a su alcance o simplemente se les ocurra en la cabeza o se les antoje. Cada uno por un motivo particular.
Hace algunos días conversaba con una socióloga amiga, que había sido convocada a un puesto de una cartera ministerial para elaborar proyectos como si fueran fotocopias, uno tras otro. La idea era gastar todo el dinero destinado a este campo, objetivo que no se había cumplido de manera sistematizada a lo largo de los casi cinco años de gobierno aprista. Ella veía, con estupor, si con estupor, cómo sin mayor criterio que el justificar un trabajo de este orden, se hacían proyectos productivos, educativos, de salud…etc. De todo como en botica.
Entonces la reflexión era como es que se convoca a profesionales de diferentes disciplinas y, desde luego, amigos de la argolla para que ejecuten algo del cual no tienen ni la más ápice idea. Para quienes lo más importante es la medición del impacto en términos cuantitativos, es decir, el número de beneficiados, como si una persona fuera a un número y nada más.
Ya es tiempo que los comunicadores reivindiquemos ese espacio que por ignorancia o conveniencia de los que diseñan los puestos laborales para participar en los procesos de desarrollo, se nos ha dejado de otorgar. Pero, nada de esto será posible si nosotros los profesionales de la comunicación no nos preparamos para asumir los grandes retos, el más importante¬: empoderar a todos los involucrados, haciéndolos sentir que son parte de y que no son los aislados de siempre, a los que solo se les busca para hacer experimentos o llenarse los bolsillos de plata.
Como bien dice la investigadora Gina Gogin, los comunicadores para el desarrollo deben trabajar en un *proceso de comunicación que otorgue poder, empodere a la comunidad, que busque dar voz a los no escuchados, que es de muchos a muchos, y que pone el énfasis en contenidos y temáticas locales.
¿Y cómo lo hacemos? La respuesta es, adecuándonos al perfil. Según Violeta Hoshi, Consultora Senior de Recursos Humanos y Coordinadora del Diploma de Formación en Coaching Profesional (2007-2010), docente CENTRUM y docente Maestría en Gerencia Social de la PUCP, uno de las principales competencias que debería tener un comunicador para el desarrollo es ”amplitud y autocontrol. Esto quiere decir, adaptarse con versatilidad a distintas culturas, contextos, situaciones y restricciones, adaptarse a distintos puntos de vista para beneficiar a los nuevos procesos o relaciones; conducirse con racionalidad y serenidad, manteniendo un clima adecuado con quienes trabaja, ya sean sus pares o personas subordinadas” En mi opinión discrepo con la palabra subordinadas y es que en el ejercicio de una comunicación tendiente a crear vínculos cercanos para conocer más a cabalidad a las personas, lo que debería existir es un trabajo netamente horizontal. La palabra subordinación, nos puede llevar a iniciar un proceso de comunicación con prejuicios.
Otra de las competencias del comunicador para el desarrollo es el pensamiento lógico. Según Hoshi, es aquella persona que analiza, comprende y sintetiza información de manera sistémica, ubicando causas y efectos posibles, anticipando escenarios para analizar alternativas a priori. Utiliza este procesamiento de información para dar soluciones estratégicas a las demandas de su trabajo, demostrando criterio para establecer prioridades en sus procesos de trabajo.
Pero, hay una competencia que es ineludible en quienes aspiramos a ser verdaderos comunicadores para el desarrollo y esta es, siempre en análisis de la doctora Hoshi, la credibilidad tanto técnica como personal. Diría yo, mas de índole personal. Y es que gracias a que tratamos de actuar con transparencia, los involucrados, los stakeholders tomaran mayor confianza con nosotros y se abrirán con sus confidencias, para ayudarnos en un diagnostico más certero. Solo así seremos capaces de resolver los problemas más complejos y nos convertiremos muy pronto en sus referentes de consulta, para su toma de decisiones, incluso.
En definitiva, un comunicador para el desarrollo tendría que ser quien participe, empodere, comunique, sensibilice y, principalmente, se sienta siempre parte de ese grupo a quienes se aspira a mejorarle, realmente, su calidad de vida. Un ser comprometido. En eso estamos.
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