Comunicadores para el desarrollo
Mas allá de un simple perfil…
Laura Gonzales
De nada sigue sirviendo en lo absoluto, que miles de niños, de las zonas más alejadas y desfavorecidas del Perú, cuenten con computadoras en sus aulas en las que aun están aprendiendo las primeras letras, sentados en ladrillos, que hacen las veces de sillas. O que, mujeres gestantes tengan una posta médica donde hacerse sus controles pre natales, cuando ni siquiera alguien se ha acercado a ellas para explicarles de la importancia de cuidar aun mas su salud, en esta etapa. O que a decenas de personas de la tercera edad, se les brinde la facilidad de familiarizarse con internet –a pocos metros de su casa- gracias a talleres gratuitos, porque previamente no han gozado de una etapa de sensibilización.
Como los casos anteriores, tan comunes por cierto, podríamos seguir citando un sin número de ejemplos para denotar que cuando no existe la participación activa de todos los involucrados en un Proyecto Social, cualquier esfuerzo que se hagan por generar un impacto cualitativo será ocioso. Sin embargo, día tras día, autoridades políticas, representantes de ONGs, gestores, etc., se ocupan de diseñar cuanto proyecto se le sugiera, se le plantee, tengan a su alcance o simplemente se les ocurra en la cabeza o se les antoje. Cada uno por un motivo particular.
Hace algunos días conversaba con una socióloga amiga, que había sido convocada a un puesto de una cartera ministerial para elaborar proyectos como si fueran fotocopias, uno tras otro. La idea era gastar todo el dinero destinado a este campo, objetivo que no se había cumplido de manera sistematizada a lo largo de los casi cinco años de gobierno aprista. Ella veía, con estupor, si con estupor, cómo sin mayor criterio que el justificar un trabajo de este orden, se hacían proyectos productivos, educativos, de salud…etc. De todo como en botica.
Entonces la reflexión era como es que se convoca a profesionales de diferentes disciplinas y, desde luego, amigos de la argolla para que ejecuten algo del cual no tienen ni la más ápice idea. Para quienes lo más importante es la medición del impacto en términos cuantitativos, es decir, el número de beneficiados, como si una persona fuera a un número y nada más.
Ya es tiempo que los comunicadores reivindiquemos ese espacio que por ignorancia o conveniencia de los que diseñan los puestos laborales para participar en los procesos de desarrollo, se nos ha dejado de otorgar. Pero, nada de esto será posible si nosotros los profesionales de la comunicación no nos preparamos para asumir los grandes retos, el más importante¬: empoderar a todos los involucrados, haciéndolos sentir que son parte de y que no son los aislados de siempre, a los que solo se les busca para hacer experimentos o llenarse los bolsillos de plata.
Como bien dice la investigadora Gina Gogin, los comunicadores para el desarrollo deben trabajar en un *proceso de comunicación que otorgue poder, empodere a la comunidad, que busque dar voz a los no escuchados, que es de muchos a muchos, y que pone el énfasis en contenidos y temáticas locales.
¿Y cómo lo hacemos? La respuesta es, adecuándonos al perfil. Según Violeta Hoshi, Consultora Senior de Recursos Humanos y Coordinadora del Diploma de Formación en Coaching Profesional (2007-2010), docente CENTRUM y docente Maestría en Gerencia Social de la PUCP, uno de las principales competencias que debería tener un comunicador para el desarrollo es ”amplitud y autocontrol. Esto quiere decir, adaptarse con versatilidad a distintas culturas, contextos, situaciones y restricciones, adaptarse a distintos puntos de vista para beneficiar a los nuevos procesos o relaciones; conducirse con racionalidad y serenidad, manteniendo un clima adecuado con quienes trabaja, ya sean sus pares o personas subordinadas” En mi opinión discrepo con la palabra subordinadas y es que en el ejercicio de una comunicación tendiente a crear vínculos cercanos para conocer más a cabalidad a las personas, lo que debería existir es un trabajo netamente horizontal. La palabra subordinación, nos puede llevar a iniciar un proceso de comunicación con prejuicios.
Otra de las competencias del comunicador para el desarrollo es el pensamiento lógico. Según Hoshi, es aquella persona que analiza, comprende y sintetiza información de manera sistémica, ubicando causas y efectos posibles, anticipando escenarios para analizar alternativas a priori. Utiliza este procesamiento de información para dar soluciones estratégicas a las demandas de su trabajo, demostrando criterio para establecer prioridades en sus procesos de trabajo.
Pero, hay una competencia que es ineludible en quienes aspiramos a ser verdaderos comunicadores para el desarrollo y esta es, siempre en análisis de la doctora Hoshi, la credibilidad tanto técnica como personal. Diría yo, mas de índole personal. Y es que gracias a que tratamos de actuar con transparencia, los involucrados, los stakeholders tomaran mayor confianza con nosotros y se abrirán con sus confidencias, para ayudarnos en un diagnostico más certero. Solo así seremos capaces de resolver los problemas más complejos y nos convertiremos muy pronto en sus referentes de consulta, para su toma de decisiones, incluso.
En definitiva, un comunicador para el desarrollo tendría que ser quien participe, empodere, comunique, sensibilice y, principalmente, se sienta siempre parte de ese grupo a quienes se aspira a mejorarle, realmente, su calidad de vida. Un ser comprometido. En eso estamos.
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