UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS
FACULTAD DE LETRAS Y CIENCIAS HUMANAS
CENTRO DE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA Y PROYECCIÓN SOCIAL
(CEUPS/LETRAS)
PROGRAMA DE PERFECCIONAMIENTO EN
“COMUNICACIÓN PARA EL DESARRROLLO”
(Coordinadora: Mg. Gina Gogin)
INTRODUCCIÓN
Uno de los retos mayores de la comunidad mundial es el de la erradicación de la pobreza y las consecuencias que devienen de ésta. Para responder a este reto se necesitarán nuevas tecnologías y nuevas formas de colaboración e interacción entre los actores socio-políticos y culturales, que están implicados y comprometidos con este proceso de cambio social. Sin embargo, sin un trabajo de difusión intensiva entre éstos ni el uso de formas, modalidades y medios de comunicación propios, difícilmente se producirá la comunicación. Para el acceso a la información, el aprendizaje y el cambio de conductas, es pues imprescindible, el conocimiento de lo que llamamos en Comunicación Social –“EL OTRO”- de la comunicación.
Por ello, el CEUPS/LETRAS de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, institución que se distingue por dictar cursos de extensión pertenecientes al campo comunicacional, presenta el Programa de Perfeccionamiento en “Comunicación para el Desarrollo”. El propósito del programa es brindar las herramientas indispensables para el trabajo de comunicación en proyectos de desarrollo.
DESTINATARIOS
Personas que necesiten y/o deseen una especialización en Comunicación para el Desarrollo, como:
- Profesionales que trabajan en el ámbito del Desarrollo y Promoción Social
- Egresados de las facultades de Ciencias de la Comunicación
- Público de disciplinas distintas a la Comunicación Social
PERFIL DE SALIDA
Al final del programa, los participantes habrán desarrollado las siguientes competencias:
- Diseñar proyectos de desarrollo con perspectiva comunicacional.
- Elaborar planes y estrategias de comunicación.
- Diseñar, elaborar, ejecutar y evaluar proyectos de comunicación para el desarrollo.
- Detectar problemas de comunicación en: instituciones, programas o proyectos de desarrollo, y realizar recomendaciones para la solución de conflictos de naturaleza comunicativa; tanto a nivel de público interno, como externo.
PLAN DE ESTUDIOS
El programa se estructura en base a la enseñanza teórico-práctica de cuatro módulos que comprenden cuatro sesiones mensuales respectivamente:
- Fundamentos de la Comunicación para el Desarrollo
- Comunicación intercultural
- Elaboración de Proyectos
- Relaciones Comunitarias, Tratamiento de Conflictos y Comunicación Estratégica
PLANA DOCENTE
- Mg. Gina Gogin Sias
- Pedro Vasquez
- Segundo Armas
INICIO: 2 de julio del 2011
HORARIO: Sábados de 9 a.m. a 1 p.m.
SEDE: Unidad de Postgrado de Letras (Av. Salaverry 1114, Jesús María)
INFORMES: 619 – 7000 anexo 2816 / ceupslet@unmsm.edu.pe
Literatura y vida cotidiana
miércoles, 16 de noviembre de 2011
jueves, 10 de noviembre de 2011
MGGINAGOGIN CONOCIENDO LA ACTIVIDAD MINERA, NO SÓLO DESDE LAS CRÍTICAS
PROGRAMA DE PERFECCIONAMIENTO EN COMUNICACIÓN PARA EL DESARROLLO. CEUPS/LETRAS. UNMSM
COORDINACIÓN: MG. GINA GOGIN SIAS
MINERÍA Y COMUNICACIÓN
CONOCIENDO LA ACTIVIDAD MINERA, NO SÓLO DESDE LAS CRÍTICAS
Entrevista a Guillermo Vidalón del Pino
Jefe de Relaciones Públicas. SOUTHERN PERU
Octubre del 2011.
1. ¿Para usted cómo debe darse a conocer la actividad minera?
Partimos primero de una verdad irrefutable, que la minería es una actividad necesaria para la subsistencia humana y en el Perú es también una actividad de primer mundo, similar a la que se realiza en cualquier país desarrollado. Urge conocer más de la actividad no sólo desde las consecuencias.
2. ¿Cómo sería la perspectiva empresarial desde el concepto de rentabilidad?
La rentabilidad no es el simple y vago concepto de lucrar, rentabilidad es el reconocimiento que otorga la sociedad, los consumidores, los demandantes de los productos minerales; de esa manera, se establecen los precios de productos que son “commodities” –similares en cualquier parte del mundo-. Si la gente demanda más cobre y la producción no aumenta sus precios subirán y viceversa, ley de la oferta y la demanda. La perspectiva empresarial en el mundo minero, contra lo que comúnmente se cree no es la de mantener precios altos, todo lo contrario. El precio alto estimula que haya mayor producción para aprovechar las ventajas presentes pero, como ampliar una operación o desarrollar un yacimiento toma como mínimo 2 años, muchos productores intentan hacer lo mismo hasta que saturan el mercado y los precios caen, este proceso es progresivo, por eso resulta ilógico afirmar con propiedad que en el caso de productos commodities haya concertación de precios. De ser así, Chile, primer productor del mundo reduciría su producción para que el precio suba aún más y “prolongue” la vida útil de sus minas, pero eso también resulta falso porque otros productores del mundo invertirían más en exploración y desarrollo de proyectos en otros lugares y nuestros vecinos del sur se correrían el riesgo de ser desplazados del primer lugar en el mundo).
3. En una localidad ¿cómo sería la distribución del canon y las regalías?
A nivel local y regional los beneficiarios son las municipalidades locales, provinciales y los gobiernos regionales en función del canon minero y las regalías que reciben, los cuales se distribuyen según escala establecida por ley, además de los apoyos directos o aportes voluntarios que otorgan las empresas directamente. El Canon Minero es el 50% del impuesto a la renta pagado por las empresas mineras, el cual debe retornar al departamento o departamentos productores. Los impuestos pagados por la minería son: Impuesto a la Renta 30%, Participación de los trabajadores 8% (en otros países no existe este concepto), Nueva Regalía Minera entre 1% y 12% (la gran minería casi siempre está afecta a la mayor tasa), Impuesto Especial a la Minería entre 2% a 8%. Lo que representa en el caso de la gran minería un total 58.4% del total de la ganancia, aproximadamente. La distribución en ambos casos es como sigue: Canon Minero 10% al distrito minero o los distritos mineros; 25% a la provincia minera; 40% al departamento minero; 20% a la región y 5% a las universidades nacionales de la región. La regalía tiene una distribución similar 20%, 20%, 40%, 15% y 5% respectivamente. En el caso de las universidades nacionales, dichos montos deben destinarse a investigación. Las empresas mineras obtienen una utilidad que varía entre 59% y 41.6%, dependiendo de la utilidad operativa. A dichas ganancias también se puede acceder si se participa en el mercado bursátil adquiriendo sus acciones.
Entender la utilidad no sólo económica, sino practica y cotidiana de la minería.
4. ¿Qué pasaría si no existiera minería?
Sin minería volveríamos casi al nivel de cazadores y recolectores, pues la agricultura se hizo eficiente cuando se profundizó el surco al instalar puntas metálicas en los arados. Las chaquitacllas tenían puntas de cobre antes de la venida de los españoles, quienes las retiraron y fundieron para hacer los “pechos” abultados de bronce que se lucen en las puertas de las iglesias antiguas en todo el país. Los recursos generados por la minería permiten al Estado llevar a cabo proyectos de infraestructura productiva y sácialo apoyar directamente a las comunidades del entorno.
4. Por eso es necesario saber qué piensan los demás de uno, es decir sus percepciones, concepciones, etc.
Sí claro, Zun Zhu, en “El Arte de la guerra” dice que hay que conocer al enemigo. Con esto no quiero decir que el antiminero es un enemigo, prefiero verlo como una persona equivocada o desinformada ante quien tengo la obligación de informarlo y persuadirlo, de ser el caso. Pienso que los antimineros en realidad son personas hostiles a la inversión privada en general, particularmente actúan en contra de las extractivas, pero lo hacen por desconocimiento. Claro que algunos dirigentes tienen algún interés particular que eventualmente los beneficia.
5. Desde una perspectiva intercultural, es importante respetar la cultura de los demás como método de diálogo
Por supuesto. Hay que dejar de lado el egocentrismo cultural de occidente y dejar de pensar que somos más importantes que los otros. Somos una cultura que ha logrado una mayor expansión sí, eso es innegable, pero debemos emplear las ventajas que nos ha dado esa expansión en todos los ámbitos de la vida cotidiana para reforzar el “utilitarismo” que está presente en todas las culturas. “El Utilitarismo”, la “Ley del Menor esfuerzo” es universal y promueve la interculturalidad. Si alguien de una cultura diferente ve que un occidental le propone hacer un cambio es sus habituales costumbres para lograr un resultado mayor que lo beneficie lo adoptará, de esta manera se lleva a cabo el sincretismo entre unas culturas y otras de manera pacífica. Si uno pretende imponerse al otro de manera violenta lo que podría ganar es la postergación o dilación de la solución a un conflicto, sea por acción de la industria o por acción de los antimineros, aunque debemos admitir que conflictos siempre van a existir y que lo importante es saberlos administrar para que no hagan crisis.
6. Mención a la minería peruana desde una perspectiva histórica.
La perspectiva histórica de la minería resulta importante cuando se habla de derechos de propiedad del terreno que permite acceder a la riqueza del subsuelo y dejar en claro que dicho ordenamiento jurídico es pre-inca, inca, colonial y republicano, por consiguiente, histórico en nuestra perspectiva de país. Los “impactos” de la minería, como de cualquier otra actividad, siempre implicarán un juicio de valor de parte interesada. La pregunta clave es: ¿“Se puede juzgar el pasado con los ojos del presente”? La respuesta obvia es no. La minería del pasado fue la de su tiempo, entonces se le consideró positiva y fue funcional a su época. Las sociedades del pasado no concebían lo que hoy denominamos impacto ambiental. Hay quienes argumentan que la minería del pasado trasciende hasta nuestros días como una “herida” que no sutura, por lo tanto, debe compensar el daño ocasionado. En este caso hay que hallar soluciones, sí, pero qué nos asegura que una indemnización económica resuelva el problema ambiental. Este es un argumento político que se agita azuzando la percepción antiminera de la opinión pública, pero lo razonable sería ponerse a pensar cómo hacemos para minimizar el impacto ambiental de las actuales operaciones y cómo hacemos con aquellas mineras que ya quebraron y cuyo pasivo ambiental no tiene paternidad en la actualidad.
7. ¿Y quién asumiría los pasivos ambientales registrados hasta hoy?
Las operaciones vigentes deben resolver sus pasivos en un plazo determinado. Los pasivos “huérfanos” tienen que ser asumidos por el Estado, no hay otra manera, ninguna minera aceptará resolver algo que no ocasionó. Por qué el Estado, el Estado del pasado aceptó la operación, se benefició de la operación. Un porcentaje del impuesto pagado por las actuales operaciones mineras debería ser destinado a la remediación o recuperación de las áreas impactadas en el pasado por la minería, eso sería lo más lógico y racional.
MG. GINA GOGIN SIAS
COORDINACIÓN: MG. GINA GOGIN SIAS
MINERÍA Y COMUNICACIÓN
CONOCIENDO LA ACTIVIDAD MINERA, NO SÓLO DESDE LAS CRÍTICAS
Entrevista a Guillermo Vidalón del Pino
Jefe de Relaciones Públicas. SOUTHERN PERU
Octubre del 2011.
1. ¿Para usted cómo debe darse a conocer la actividad minera?
Partimos primero de una verdad irrefutable, que la minería es una actividad necesaria para la subsistencia humana y en el Perú es también una actividad de primer mundo, similar a la que se realiza en cualquier país desarrollado. Urge conocer más de la actividad no sólo desde las consecuencias.
2. ¿Cómo sería la perspectiva empresarial desde el concepto de rentabilidad?
La rentabilidad no es el simple y vago concepto de lucrar, rentabilidad es el reconocimiento que otorga la sociedad, los consumidores, los demandantes de los productos minerales; de esa manera, se establecen los precios de productos que son “commodities” –similares en cualquier parte del mundo-. Si la gente demanda más cobre y la producción no aumenta sus precios subirán y viceversa, ley de la oferta y la demanda. La perspectiva empresarial en el mundo minero, contra lo que comúnmente se cree no es la de mantener precios altos, todo lo contrario. El precio alto estimula que haya mayor producción para aprovechar las ventajas presentes pero, como ampliar una operación o desarrollar un yacimiento toma como mínimo 2 años, muchos productores intentan hacer lo mismo hasta que saturan el mercado y los precios caen, este proceso es progresivo, por eso resulta ilógico afirmar con propiedad que en el caso de productos commodities haya concertación de precios. De ser así, Chile, primer productor del mundo reduciría su producción para que el precio suba aún más y “prolongue” la vida útil de sus minas, pero eso también resulta falso porque otros productores del mundo invertirían más en exploración y desarrollo de proyectos en otros lugares y nuestros vecinos del sur se correrían el riesgo de ser desplazados del primer lugar en el mundo).
3. En una localidad ¿cómo sería la distribución del canon y las regalías?
A nivel local y regional los beneficiarios son las municipalidades locales, provinciales y los gobiernos regionales en función del canon minero y las regalías que reciben, los cuales se distribuyen según escala establecida por ley, además de los apoyos directos o aportes voluntarios que otorgan las empresas directamente. El Canon Minero es el 50% del impuesto a la renta pagado por las empresas mineras, el cual debe retornar al departamento o departamentos productores. Los impuestos pagados por la minería son: Impuesto a la Renta 30%, Participación de los trabajadores 8% (en otros países no existe este concepto), Nueva Regalía Minera entre 1% y 12% (la gran minería casi siempre está afecta a la mayor tasa), Impuesto Especial a la Minería entre 2% a 8%. Lo que representa en el caso de la gran minería un total 58.4% del total de la ganancia, aproximadamente. La distribución en ambos casos es como sigue: Canon Minero 10% al distrito minero o los distritos mineros; 25% a la provincia minera; 40% al departamento minero; 20% a la región y 5% a las universidades nacionales de la región. La regalía tiene una distribución similar 20%, 20%, 40%, 15% y 5% respectivamente. En el caso de las universidades nacionales, dichos montos deben destinarse a investigación. Las empresas mineras obtienen una utilidad que varía entre 59% y 41.6%, dependiendo de la utilidad operativa. A dichas ganancias también se puede acceder si se participa en el mercado bursátil adquiriendo sus acciones.
Entender la utilidad no sólo económica, sino practica y cotidiana de la minería.
4. ¿Qué pasaría si no existiera minería?
Sin minería volveríamos casi al nivel de cazadores y recolectores, pues la agricultura se hizo eficiente cuando se profundizó el surco al instalar puntas metálicas en los arados. Las chaquitacllas tenían puntas de cobre antes de la venida de los españoles, quienes las retiraron y fundieron para hacer los “pechos” abultados de bronce que se lucen en las puertas de las iglesias antiguas en todo el país. Los recursos generados por la minería permiten al Estado llevar a cabo proyectos de infraestructura productiva y sácialo apoyar directamente a las comunidades del entorno.
4. Por eso es necesario saber qué piensan los demás de uno, es decir sus percepciones, concepciones, etc.
Sí claro, Zun Zhu, en “El Arte de la guerra” dice que hay que conocer al enemigo. Con esto no quiero decir que el antiminero es un enemigo, prefiero verlo como una persona equivocada o desinformada ante quien tengo la obligación de informarlo y persuadirlo, de ser el caso. Pienso que los antimineros en realidad son personas hostiles a la inversión privada en general, particularmente actúan en contra de las extractivas, pero lo hacen por desconocimiento. Claro que algunos dirigentes tienen algún interés particular que eventualmente los beneficia.
5. Desde una perspectiva intercultural, es importante respetar la cultura de los demás como método de diálogo
Por supuesto. Hay que dejar de lado el egocentrismo cultural de occidente y dejar de pensar que somos más importantes que los otros. Somos una cultura que ha logrado una mayor expansión sí, eso es innegable, pero debemos emplear las ventajas que nos ha dado esa expansión en todos los ámbitos de la vida cotidiana para reforzar el “utilitarismo” que está presente en todas las culturas. “El Utilitarismo”, la “Ley del Menor esfuerzo” es universal y promueve la interculturalidad. Si alguien de una cultura diferente ve que un occidental le propone hacer un cambio es sus habituales costumbres para lograr un resultado mayor que lo beneficie lo adoptará, de esta manera se lleva a cabo el sincretismo entre unas culturas y otras de manera pacífica. Si uno pretende imponerse al otro de manera violenta lo que podría ganar es la postergación o dilación de la solución a un conflicto, sea por acción de la industria o por acción de los antimineros, aunque debemos admitir que conflictos siempre van a existir y que lo importante es saberlos administrar para que no hagan crisis.
6. Mención a la minería peruana desde una perspectiva histórica.
La perspectiva histórica de la minería resulta importante cuando se habla de derechos de propiedad del terreno que permite acceder a la riqueza del subsuelo y dejar en claro que dicho ordenamiento jurídico es pre-inca, inca, colonial y republicano, por consiguiente, histórico en nuestra perspectiva de país. Los “impactos” de la minería, como de cualquier otra actividad, siempre implicarán un juicio de valor de parte interesada. La pregunta clave es: ¿“Se puede juzgar el pasado con los ojos del presente”? La respuesta obvia es no. La minería del pasado fue la de su tiempo, entonces se le consideró positiva y fue funcional a su época. Las sociedades del pasado no concebían lo que hoy denominamos impacto ambiental. Hay quienes argumentan que la minería del pasado trasciende hasta nuestros días como una “herida” que no sutura, por lo tanto, debe compensar el daño ocasionado. En este caso hay que hallar soluciones, sí, pero qué nos asegura que una indemnización económica resuelva el problema ambiental. Este es un argumento político que se agita azuzando la percepción antiminera de la opinión pública, pero lo razonable sería ponerse a pensar cómo hacemos para minimizar el impacto ambiental de las actuales operaciones y cómo hacemos con aquellas mineras que ya quebraron y cuyo pasivo ambiental no tiene paternidad en la actualidad.
7. ¿Y quién asumiría los pasivos ambientales registrados hasta hoy?
Las operaciones vigentes deben resolver sus pasivos en un plazo determinado. Los pasivos “huérfanos” tienen que ser asumidos por el Estado, no hay otra manera, ninguna minera aceptará resolver algo que no ocasionó. Por qué el Estado, el Estado del pasado aceptó la operación, se benefició de la operación. Un porcentaje del impuesto pagado por las actuales operaciones mineras debería ser destinado a la remediación o recuperación de las áreas impactadas en el pasado por la minería, eso sería lo más lógico y racional.
MG. GINA GOGIN SIAS
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Curso: Interculturalidad.Profesora: Gina Gogin. LIZ ARTEAGA
SIMPLEMENTE LIZ
¿Quién soy? ¿De dónde vengo? Dos preguntas que en algún punto de nuestra vida nos hacemos, más aún cuando evaluamos nuestro ser, nuestras dudas, nuestras fortalezas, nuestra visión para el futuro. Comenzaré declarándome como una persona de la sierra, serrana de corazón y orgullosa de serlo, apasionada por los paisajes del ande con sus ríos bañados de hiel, sus casi inalcanzables montañas y sus colores intensos.
Llegué a este lugar que llamo Liz, un 15 de setiembre de … El año no se dice! Para los conocedores en vivo y en directo se ha comentado muchas veces. Nací en “La ciudad de las iglesias”, “La capital del arte popular y la artesanía” en “el rincón de las almas”, aunque muchos lo han traducido como el “rincón de los muertos”, en Huamanga-Ayacucho. Y por tanto sobreviviente de una época difícil cargada de emociones fuertes salpicadas de temores, terror y dolor, precisamente un pasaje de mi niñez a mis cortos 5 años me recuerda lo terrible que fue esta etapa en mi vida.
Eran casi las diez de la noche, de un domingo como cualquier otro en la localidad de Vinchos, una pequeña comunidad del departamento de Ayacucho en el que mi mamá era directora del Colegio. Estábamos en casa, durmiendo. Repentinamente unos golpes desesperados a la puerta nos despertaron. "Profesora" decían, "abra profesora". Mi mamá asustada preguntó quién era, a lo que respondieron, yo profesora su alumno.
Mi mamá abrió la puerta, y el joven comenzó a decirle nervioso y muy rápido: "Profesora van a venir a matarla ahorita, los terroristas, !escápese ya!. Hoy matan a cuatro, entre ellos el alcalde, el jefe de policía, el médico del pueblo y a usted. Corra urgente, escóndase". Al instante, mi mamá tomó la frazada con la que dormíamos y me llevo afuera. Cerró la puerta y antes de salir del pueblo informó a la vecina lo ocurrido, quien se encargó de comunicar a las otras personas involucradas. El muchacho nos dijo también, que había una cueva a un par de kilómetros, ese era un buen lugar para escondernos."Vaya de frente profesora, allí lo encontrará. Y quédese hasta mañana." Así lo hicimos.
Esa noche fue la más larga de la que tengo recuerdo, la luna llena alumbraba la cueva como queriendo descubrir nuestro escondite y cuanto más ingresábamos a la caverna más parecía seguirnos con su luz. A la media noche sonaron las campanas del pueblo. Los terroristas reunieron a toda la población en la plaza y como no encontraron a ninguna de las víctimas exigieron a los pobladores decir dónde estaban, aquellos a los que habían venido a buscar. Al no hallar respuestas tomaron a cuatro campesinos y los golpearon con látigos para darles un escarmiento que duró hasta la madrugada. Con los primeros rayos del sol, se fueron, dejando a la población muy sentida. De la misma forma nosotros salimos de la cueva y tomamos un auto que nos llevó a Ayacucho. Fue el último día que viví en Vinchos. Mi mamá me dejo al cuidado de una tía, y regresó a su trabajo. Una experiencia que sin duda marcó mi vida para siempre.
Nací en una familia de clase media emprendedora. Mi educación está cimentada sobre mi madre, la única que vio por mí desde el inicio de mis días, hasta hoy. Ella es mi guía, mi fortaleza, mi ejemplo a seguir. Una de sus innumerables enseñanzas además de la fortaleza de espíritu que ella me dio, fue siempre buscar el crecimiento intelectual, porque de esa forma me decía, una mujer podrá desenvolverse correctamente en cualquier escenario profesional.
Soy de estatura media, y proveniente de una familia cuyos miembros permanecen muchos años en el quehacer de la vida, precisamente mi bisabuela Encarnación, vive hasta hoy dejando entrever a los que la visitamos, su maravilloso apego a la existencia, ella está entregada a Dios y siempre que puede nos pide que hagamos lo mismo. Por ella y por mi educación primaria y secundaria en un colegio religioso tengo un gran respeto por Dios quien nos ha dado la vida como un regalo que hay que valorar y que trato de aprovechar.
De ascendencia quechua, mis abuelos y todo mis tíos hablan el "Runa Simi" a la perfección, cualidad que lamentablemente no adquirimos los nietos, aunque escuchar a nuestros padres conversar en quechua cada vez que no querían que los menores nos enteráramos, me sirvió para entender muchas palabras de este idioma. En mi familia, aún se cultiva el pensamiento mágico religioso, sobre todo cuando se trata de enfermedades de los niños. Cada vez que mis primos pequeños se golpeaban mi mamá los curaba del "susto" con un ritual a base de cigarros, que tenían que ser de la marca Inca (tienen menos filtros) y mientras aspiraba y expiraba una bocanada sobre la cabecita del pequeño enfermo rezaba a los santos para que protejan al pequeño. De igual forma "pasaba el huevo" por todo el cuerpo del pequeño con oraciones para que Jesús se lleve el susto del menor. Esta técnica siempre ha funcionado. Al día siguiente el pequeño se sentía mejor.
Aunque también según mi abuelo tenemos ascendencia española, debido a que mi bisabuela se casó con un Español, un hombre muy alto que llegó a Cangallo y se enamoró de la joven Encarnación Medina. Lamentablemente, debido a que los registros de Cangallo se quemaron en un incendio en los años sesenta no tenemos cómo corroborar esa información. Según mi abuelo, su apellido era Aragonés, pero debido a la habilidad de los registradores para cambiar los apellidos el nuestro se convirtió en Aronés.
De pequeña siempre iba a visitar a mi abuelo a Cangallo, allí el tiene unas tierras donde cultiva tunas, y tiene muchos comuneros que lo apoyan en esta labor, en varias ocasiones hemos compartido con ellos la cosecha de las tunas, la comida y la cultura de ellos, por lo cual los conocemos y respetamos. En casa son muy apreciados las comidas andinas en especial el Caldo de Mote, la Papita con Queso, el Choclito con Queso y también los chicharroncitos, el Puca Picante entre otros.
Aunque no he sido víctima de discriminación por raza o color de la piel, si he sentido la discriminación por tener menos recursos económicos, cuando niña, sobretodo en el colegio privado donde estudiaba. En una ocasión recuerdo que estaba con gripe, y como en casa usábamos un pedazo de tela como pañuelo, en lugar de papel higiénico. Al estornudar en el aula saqué mi pañuelo, y una compañera me dijo "ese trapo seguro que es de la cocina" a manera de burla. Al llegar a casa, le conté a mi mamá con lágrimas en los ojos lo ocurrido, a lo que ella me dijo: "no te preocupes por ella; el dinero que esa niña tiene no le ha dado bondad, ni inteligencia. Un mensaje que me define siempre en la búsqueda de mis sueños. No siempre el dinero te da bondad ni inteligencia.
Todas estas experiencias forman parte de mi pasado y cargo con ellas para enfrentarme al presente y las situaciones que se me presentan a diario. Aunque en casa la tendencia es a la izquierda, en mi caso me inclino más hacia un centro izquierda, porque creo que nada es vertical, y los cánones económicos actuales no nos permiten cerrarnos en idealistas propuestas sin bases manejadas sobre datos reales.
En cuanto a argumentaciones contrarias a mi parecer, suelo escuchar y trato de encontrar el sentido del argumento. No siempre lo logro debo confesar, sin embargo trato en lo posible de hacerlo.
Soy una persona a la que le gustan los detalles, un contenido sin una buena presentación no está completo. Por ello trato de buscar siempre un balance entre contenido y forma, en todo lo que hago. Así soy yo... simplemente Liz.
¿Quién soy? ¿De dónde vengo? Dos preguntas que en algún punto de nuestra vida nos hacemos, más aún cuando evaluamos nuestro ser, nuestras dudas, nuestras fortalezas, nuestra visión para el futuro. Comenzaré declarándome como una persona de la sierra, serrana de corazón y orgullosa de serlo, apasionada por los paisajes del ande con sus ríos bañados de hiel, sus casi inalcanzables montañas y sus colores intensos.
Llegué a este lugar que llamo Liz, un 15 de setiembre de … El año no se dice! Para los conocedores en vivo y en directo se ha comentado muchas veces. Nací en “La ciudad de las iglesias”, “La capital del arte popular y la artesanía” en “el rincón de las almas”, aunque muchos lo han traducido como el “rincón de los muertos”, en Huamanga-Ayacucho. Y por tanto sobreviviente de una época difícil cargada de emociones fuertes salpicadas de temores, terror y dolor, precisamente un pasaje de mi niñez a mis cortos 5 años me recuerda lo terrible que fue esta etapa en mi vida.
Eran casi las diez de la noche, de un domingo como cualquier otro en la localidad de Vinchos, una pequeña comunidad del departamento de Ayacucho en el que mi mamá era directora del Colegio. Estábamos en casa, durmiendo. Repentinamente unos golpes desesperados a la puerta nos despertaron. "Profesora" decían, "abra profesora". Mi mamá asustada preguntó quién era, a lo que respondieron, yo profesora su alumno.
Mi mamá abrió la puerta, y el joven comenzó a decirle nervioso y muy rápido: "Profesora van a venir a matarla ahorita, los terroristas, !escápese ya!. Hoy matan a cuatro, entre ellos el alcalde, el jefe de policía, el médico del pueblo y a usted. Corra urgente, escóndase". Al instante, mi mamá tomó la frazada con la que dormíamos y me llevo afuera. Cerró la puerta y antes de salir del pueblo informó a la vecina lo ocurrido, quien se encargó de comunicar a las otras personas involucradas. El muchacho nos dijo también, que había una cueva a un par de kilómetros, ese era un buen lugar para escondernos."Vaya de frente profesora, allí lo encontrará. Y quédese hasta mañana." Así lo hicimos.
Esa noche fue la más larga de la que tengo recuerdo, la luna llena alumbraba la cueva como queriendo descubrir nuestro escondite y cuanto más ingresábamos a la caverna más parecía seguirnos con su luz. A la media noche sonaron las campanas del pueblo. Los terroristas reunieron a toda la población en la plaza y como no encontraron a ninguna de las víctimas exigieron a los pobladores decir dónde estaban, aquellos a los que habían venido a buscar. Al no hallar respuestas tomaron a cuatro campesinos y los golpearon con látigos para darles un escarmiento que duró hasta la madrugada. Con los primeros rayos del sol, se fueron, dejando a la población muy sentida. De la misma forma nosotros salimos de la cueva y tomamos un auto que nos llevó a Ayacucho. Fue el último día que viví en Vinchos. Mi mamá me dejo al cuidado de una tía, y regresó a su trabajo. Una experiencia que sin duda marcó mi vida para siempre.
Nací en una familia de clase media emprendedora. Mi educación está cimentada sobre mi madre, la única que vio por mí desde el inicio de mis días, hasta hoy. Ella es mi guía, mi fortaleza, mi ejemplo a seguir. Una de sus innumerables enseñanzas además de la fortaleza de espíritu que ella me dio, fue siempre buscar el crecimiento intelectual, porque de esa forma me decía, una mujer podrá desenvolverse correctamente en cualquier escenario profesional.
Soy de estatura media, y proveniente de una familia cuyos miembros permanecen muchos años en el quehacer de la vida, precisamente mi bisabuela Encarnación, vive hasta hoy dejando entrever a los que la visitamos, su maravilloso apego a la existencia, ella está entregada a Dios y siempre que puede nos pide que hagamos lo mismo. Por ella y por mi educación primaria y secundaria en un colegio religioso tengo un gran respeto por Dios quien nos ha dado la vida como un regalo que hay que valorar y que trato de aprovechar.
De ascendencia quechua, mis abuelos y todo mis tíos hablan el "Runa Simi" a la perfección, cualidad que lamentablemente no adquirimos los nietos, aunque escuchar a nuestros padres conversar en quechua cada vez que no querían que los menores nos enteráramos, me sirvió para entender muchas palabras de este idioma. En mi familia, aún se cultiva el pensamiento mágico religioso, sobre todo cuando se trata de enfermedades de los niños. Cada vez que mis primos pequeños se golpeaban mi mamá los curaba del "susto" con un ritual a base de cigarros, que tenían que ser de la marca Inca (tienen menos filtros) y mientras aspiraba y expiraba una bocanada sobre la cabecita del pequeño enfermo rezaba a los santos para que protejan al pequeño. De igual forma "pasaba el huevo" por todo el cuerpo del pequeño con oraciones para que Jesús se lleve el susto del menor. Esta técnica siempre ha funcionado. Al día siguiente el pequeño se sentía mejor.
Aunque también según mi abuelo tenemos ascendencia española, debido a que mi bisabuela se casó con un Español, un hombre muy alto que llegó a Cangallo y se enamoró de la joven Encarnación Medina. Lamentablemente, debido a que los registros de Cangallo se quemaron en un incendio en los años sesenta no tenemos cómo corroborar esa información. Según mi abuelo, su apellido era Aragonés, pero debido a la habilidad de los registradores para cambiar los apellidos el nuestro se convirtió en Aronés.
De pequeña siempre iba a visitar a mi abuelo a Cangallo, allí el tiene unas tierras donde cultiva tunas, y tiene muchos comuneros que lo apoyan en esta labor, en varias ocasiones hemos compartido con ellos la cosecha de las tunas, la comida y la cultura de ellos, por lo cual los conocemos y respetamos. En casa son muy apreciados las comidas andinas en especial el Caldo de Mote, la Papita con Queso, el Choclito con Queso y también los chicharroncitos, el Puca Picante entre otros.
Aunque no he sido víctima de discriminación por raza o color de la piel, si he sentido la discriminación por tener menos recursos económicos, cuando niña, sobretodo en el colegio privado donde estudiaba. En una ocasión recuerdo que estaba con gripe, y como en casa usábamos un pedazo de tela como pañuelo, en lugar de papel higiénico. Al estornudar en el aula saqué mi pañuelo, y una compañera me dijo "ese trapo seguro que es de la cocina" a manera de burla. Al llegar a casa, le conté a mi mamá con lágrimas en los ojos lo ocurrido, a lo que ella me dijo: "no te preocupes por ella; el dinero que esa niña tiene no le ha dado bondad, ni inteligencia. Un mensaje que me define siempre en la búsqueda de mis sueños. No siempre el dinero te da bondad ni inteligencia.
Todas estas experiencias forman parte de mi pasado y cargo con ellas para enfrentarme al presente y las situaciones que se me presentan a diario. Aunque en casa la tendencia es a la izquierda, en mi caso me inclino más hacia un centro izquierda, porque creo que nada es vertical, y los cánones económicos actuales no nos permiten cerrarnos en idealistas propuestas sin bases manejadas sobre datos reales.
En cuanto a argumentaciones contrarias a mi parecer, suelo escuchar y trato de encontrar el sentido del argumento. No siempre lo logro debo confesar, sin embargo trato en lo posible de hacerlo.
Soy una persona a la que le gustan los detalles, un contenido sin una buena presentación no está completo. Por ello trato de buscar siempre un balance entre contenido y forma, en todo lo que hago. Así soy yo... simplemente Liz.
Curso: Interculturalidad.Profesora: Gina Gogin.
MI TIERRA
La primera imagen que tengo de la tierra de mi abuela es que para llegar a su casa había que cruzar un río. Luego, en el embarcadero unos hombres de sombrero te recibían, ayudaban a mi mamá a bajar las maletas, mientras que otros a cambio de una propina nos ayudaban a llegar a la casa de la mama Julia, casi corriendo. Yo era chica y mi mamá con miedo que se perdieran sus equipajes me llevaba en vilo mientras yo observaba a esos hombres caminar casi corriendo, con los pies descalzos por el maravilloso camino selvático que nos conducía a nuestro destino final.
Este recorrido lo hice desde siempre. Desde que estaba en la barriga de mi madre y luego durante todas las vacaciones de enero, febrero y marzo, la cosa se repetía para mi enorme felicidad. Luego de llegar a la casa donde el verde se colaba por todas las ventanas y la chacra de cacao de la abuela se perdía en el infinito, ella salía a recibirnos con un pañuelo amarrado en la cabeza y me abrazaba y me cargaba por los aires mientras yo rebuscaba en el bolsillo de su falda la fruta más rica que Dios ha creado: la granadilla.
Luego corriendo como un disparo me iba hacia el hueco en la tierra donde estaban calentando las piedras para hacer la pachamanca, que era la fiesta de nuestro recibimiento. Allí estaban todos mis tíos y tías. La carne del chancho expuesta al sol sobre unas ollas, mientras el olor a chincho y otras especerías hacían de este ritual algo realmente mágico para mí. No podía entender cómo la tierra podía cocinar la carne, las papas, el choclo, las habas, el camote. Mi tía Silvia me decía que la tierra tenía vida, que si no de dónde crecía tanta planta, tanto fruto, de dónde tanto animalito salía desde adentro. “Allí hay otro mundo”, me repetía, y yo, entre feliz y asustada, le creía todito lo que me decía. Porque encima de todo, ella afirmaba rotundamente que la tierra tenía tanta vida, que como sabía que a mí me gustaba la granadilla, la hacía aparecer justo en los meses en los que yo iba a Tingo María. Y si eso era así, y siendo la granadilla el fruto de los dioses no había nada más que decir. La tierra tenía vida y por lo tanto, todo mi más profundo respeto.
Mi abuela era la feliz matrona de todo ese reino. Era chiquita pero de un carácter descomunal. Cuando tuvo 17 años se casó con un italiano llamado Reyes Piccone Zumarán que medía un metro noventa de alto y era el leguleyo más listo de toda la selva. Y para mayores detalles, así como era listo para los negocios, la habilidad se le extendía para conquistar a cuanta falda se le cruzara al frente. Cuando conoció a mi abuela ya tenía cuatro hijos en mujeres diferentes y seguro pensó que mi abuela no sería la excepción. Pero lo fue. “Cuando una mujer quiere, puede”, decía la abuela cuando todos le preguntaban cómo hizo para que el abuelo, tan mujeriego, tan pedante, tan creído, se casara con ella y sobre todo, la respetara hasta el fin de sus días. Mis tíos la fastidiaban diciéndole que le había dado “puzanga”, un brebaje para atrapar maridos. Ella sólo sonreía y jamás contó su secreto. Ambos fueron cómplices hasta siempre. El día que el abuelo iba a morir, estaba sentado frente a su chacra cuando de pronto sintió el fatal dolor en el pecho. ¡Julia!!! Gritó. Mi abuela salió rápido de la cocina y fue en su auxilio. El abuelo se estaba muriendo de un infarto cuando le dijo: “¡Yo no me muero sentado carajo! Agárrame Julia y levántame” Y así parado, sostenido por mi abuela de un lado y con su otra mano apoyado en un muro, se murió.
Dicen que las almas regresan a los siete días de haber partido al cielo para ver cómo quedamos los que aún vivimos por acá. Con esa seguridad, es que luego de la muerte del abuelo, se llevaron toda su ropa a lavar al río para dejarla limpiecita cuando él regresara y el día señalado hicieron picante de cuy y locro de papa, ambas comidas dedicadas para tiempos de fiesta. Y como el abuelo iba a regresar al día séptimo, ese era pues un día de super fiesta. Dice mi madre que mientras todas las tías y primas y la abuela lavaban en el río con suma unción, yo me la pasé cantando el hit del momento: “Qué pasará, que misterio habrá puede ser mi gran noche”…de Raphael. Y entonces toda la ceremonia de duelo se vino abajo. “Es igual a su abuelo”, sentenció la mama Julia, “esta chica es una piruja”.
La cosa es que esa noche la recuerdo como si fuera ayer. Como la mejor película de toda mi vida. Y lo mejor de todo es que yo estuve allí. Por entonces, no lograba entender cómo todos tenían la seguridad que el abuelo regresaría a vernos. Cómo estaban todos seguros que su alma se pasearía entre nosotros mientras empezaba el rezo y se quedaría hasta el final de una ceremonia, donde sobre una mesa se ponían sus ropas más queridas y velas de colores a los lados. Y fue mi tía Silvia, la mejor de mis tías en verdad, que me dio la respuesta. Me dijo: “Cuando estemos rezando el rosario, más o menos en el tercer misterio, aparecerá un bicho (ella me dijo el nombre, pero ahora no lo recuerdo), entrará por la ventana y se posará sobre sus ropas. Allí permanecerá hasta que el rezo acabe y tu abuela haga la oración final”. Con ese argumento sacado de la lámpara de Aladino, yo estaba más emocionada, más nerviosa y más feliz, que si me fueran a dar un papel en Hollywood. En ese momento, el ser testigo presencial de ese hecho era lo más importante de mi vida.
La cosa es que, aunque parezca sacado de una narración febril, la historia se cumplió al pie de la letra. Yo estaba sentada en las faldas de mi madre, muerta de pánico y emoción. Ni una sola concentración en el rezo. Mi mirada estaba puesta sobre las ventanas esperando a que entre el famoso bicho. Y éste entró. Como dijo la tía Sil, se posó sobre la ropa de la mesa y no se movió de allí hasta que la abuela Julia dijo el Amén final de la oración. Luego de eso, el bicho se alzó como un helicóptero y se fue por la misma ventana por la que entró. Mi abuelo había regresado, no había duda. Y fue entonces y sólo entonces que mi abuela, mi querida Mama Julia rompió a llorar toda su pena. Su italiano querido había regresado a despedirse de ella para siempre.
Desde entonces mi abuela tomó las riendas de la casa, de sus chacras y de sus animales con la fuerza de un toro. Caminaba como una hormiguita de acá para allá, hacía los negocios de venta de cacao con una habilidad suprema y mantenía a los peones contentos con su paga pero exprimidos de trabajo hasta la puesta del sol. La casa era inmensa. Yo siempre la había paseado como descubriendo cada una de las habitaciones. Muchas de ellas eran almacenes de frutas, de sacos de cacao, de herramientas de todos los tipos y tamaños. Recorrer la casa era una delicia que compartía con mi papá. Sobre todo cuando llegábamos al cuarto de herramientas. Mi papá decía que con lo que allí había se podría reconstruir todo el Valle. Pero siempre que llegábamos a uno de los cuartos, uno que estaba siempre cerrado y al fondo de ese laberinto de puertas, mi padre me cogía de la mano y me decía que el paseo se había acabado. Al principio yo simplemente obedecía órdenes pero cuando crecí, ese cuarto se convirtió en el misterio más importante de todas las vacaciones. Le pregunté a mi abuela, a mi madre, a papá, a mis tíos, a mi querida tía Sil, a mis otros primos, pero nada. Nadie sabía nada. Los mayores decían que había semillas nuevas para la cosecha y que si se habría la puerta les entraría aire y se malograrían. Pero eso me parecía una tontería. Muchas veces intenté abrir la puerta con mis propios medios pero me era imposible. Más de una vez me gané un cocachón de mi mamá cuando me descubría, pero nunca desistí del intento.
Una tarde, cuando ni siquiera estaba buscando entrar al cuarto, vi a mi abuela subir las escaleras y la seguí. Ella, como una hormiguita atravesó todos los laberintos de su casa y Oh maravilla llegó al cuarto del misterio. Metió la mano en el bolsillo de su falda, sacó una sarta de llaves, abrió la puerta y se metió en ella más rápido que inmediatamente. Yo me quedé boquiabierta sin saber qué hacer. Pero no tuve tiempo de pensar mucho. Escondida detrás de una pared, la vi salir apuradita como si se hubiera olvidado algo y para mi sorpresa, no cerró la puerta. Entonces, cual flecha, corrí hacia ese cuarto y entré.
Nunca en mi vida había sufrido un espanto tan grande como ese. No sé todavía como estoy escribiendo estas líneas y no me convertí en difunta a los 9 años. Allí, adentro de ese cuarto todo era oscuro, menos una parte iluminada por un foco tenue. Esa luz dejaba ver sin lugar a dudas la cabeza, el cráneo de una persona. Hasta tenía dientes. Era una calavera perfecta. Sobre ella estaba el cuadro de Jesús, la Virgen y no se cuántos otros santos más. Yo estaba a punto del desmayo cuando mi abuela entró. Sólo recuerdo que dio un suspiro: ¡Ay!, dijo y me cargó. Salió conmigo corriendo del cuarto, gritando ¡Adelinaaa!!! El nombre de mi madre. Después sólo me acuerdo que mi tía Sil y ella me habían desnudado completamente y me estaban rezando pasándome el huevo por todo el cuerpo. Luego escuché que rompieron el huevo, mi tía Sil dijo que eso estaba mal y mi mamá empezó a llorar. Mi abuela entonces, las calló de un grito y –luego me contaron- se llevó el menjunje del huevo envuelto en un pañuelo blanco y lo tiró al cerro.
No recuerdo haber estado enferma ni mucho menos. Pero me trataban como si en verdad estuviera mal. Yo me sentía perfecta y lo único que quería era saber la historia de la calavera. En mi mente hasta pensé que era la calavera de Santa Rosa o de San Martín de Porres. Que se la habían robado y era un secreto de familia. Pero fue mi abuela la que me contó la verdad. Me dijo que la calavera se llamaba Margarita y que era la cuidadora de la casa. Que a Margarita no le gustaba que la vieran así porque sabía que le daba susto a la gente y que uno se podía morir de eso. Pero que Margarita era buena. Me dijo que una vez, cuando ella y mis tíos se fueron a Huánuco y la casa se quedó sola, unos rateros habían intentado entrar a robar. Ya lo tenían todo preparado. Pero no contaban con que allí estaba Margarita. Según mi abuela, y según me lo contaron después los vecinos, Margarita armó tal fiesta en la casa que parecía que había mil personas. Dicen que se escuchaban risas, brindis y música. Dicen también que el baile duró hasta la madrugada y que los rateros nunca pudieron entrar porque las puertas no se abrieron por nada del mundo. Margarita había organizado una fiesta cerrada y se había reservado el derecho de admisión.
Yo nací en Lima, pero no me siento limeña para nada. Salvo las aventuras en Agua Dulce con mi papá, los recuerdos más felices de mi niñez, las historias más felices y mágicas de mi vida, las viví en Huánuco. Mi abuela Julia es mi ídola. Cuánto quisiera tenerla acá ahora para que me siga divirtiendo con sus ocurrencias y sus historias. Ella me enseñó a contar en quechua del uno al diez y a ambas nos faltó tiempo para continuar con más enseñanzas. Por el lado de mi padre que también es huanuqueño, no tuve la dicha de disfrutar de mi abuelo, don Teobaldo Urzúa, porque murió cuando yo era muy pequeña. No me apellido como él porque, supongo yo, el registrador que inscribió a mi padre le pareció más fácil Ursula y así perdí mi verdadero apellido. A mi abuela materna sí la conocí. Era portuguesa y hablaba portugués mezclado con español. De ella me acuerdo que tenía el cabello negro azabache aún con ochenta años encima. Gracias a ella aprendí a hacer trenzas y enroscarlas en la cabeza. Un peinado genial. Cuando iba a Huánuco a verla me llevaba al puente Calicanto y me contaba todas las aventuras de mi padre. Que se escapaba del colegio para tirarse desde el puente al río, que los fines de semana cazaba culebrillas para quitarles la piel y venderlas en el mercado y con el dinero alquilaba bicicletas para irse a pasear con su hermano. Con ellas el puente Calicanto adquiría otra dimensión. Era el puente de los cuentos y las grandes historias.
Como se dice en los juzgados cuando se va a dar una sentencia, por todo lo expuesto, queda más claro que el agua, que por mis venas no sólo corre sangre huanuqueña, sino que mi corazón también le pertenece a ese terruño tan mío. Que no sólo tengo el tamaño inmenso de mi abuelo, sino la raza de mi abuela Julia. Julia la magnífica. Julia la que me dio para siempre el amor inmenso a la tierra que me vio crecer.
Elsa Ursula Picón.
Curso: Interculturalidad
Profesora: Gina Gogin.
La primera imagen que tengo de la tierra de mi abuela es que para llegar a su casa había que cruzar un río. Luego, en el embarcadero unos hombres de sombrero te recibían, ayudaban a mi mamá a bajar las maletas, mientras que otros a cambio de una propina nos ayudaban a llegar a la casa de la mama Julia, casi corriendo. Yo era chica y mi mamá con miedo que se perdieran sus equipajes me llevaba en vilo mientras yo observaba a esos hombres caminar casi corriendo, con los pies descalzos por el maravilloso camino selvático que nos conducía a nuestro destino final.
Este recorrido lo hice desde siempre. Desde que estaba en la barriga de mi madre y luego durante todas las vacaciones de enero, febrero y marzo, la cosa se repetía para mi enorme felicidad. Luego de llegar a la casa donde el verde se colaba por todas las ventanas y la chacra de cacao de la abuela se perdía en el infinito, ella salía a recibirnos con un pañuelo amarrado en la cabeza y me abrazaba y me cargaba por los aires mientras yo rebuscaba en el bolsillo de su falda la fruta más rica que Dios ha creado: la granadilla.
Luego corriendo como un disparo me iba hacia el hueco en la tierra donde estaban calentando las piedras para hacer la pachamanca, que era la fiesta de nuestro recibimiento. Allí estaban todos mis tíos y tías. La carne del chancho expuesta al sol sobre unas ollas, mientras el olor a chincho y otras especerías hacían de este ritual algo realmente mágico para mí. No podía entender cómo la tierra podía cocinar la carne, las papas, el choclo, las habas, el camote. Mi tía Silvia me decía que la tierra tenía vida, que si no de dónde crecía tanta planta, tanto fruto, de dónde tanto animalito salía desde adentro. “Allí hay otro mundo”, me repetía, y yo, entre feliz y asustada, le creía todito lo que me decía. Porque encima de todo, ella afirmaba rotundamente que la tierra tenía tanta vida, que como sabía que a mí me gustaba la granadilla, la hacía aparecer justo en los meses en los que yo iba a Tingo María. Y si eso era así, y siendo la granadilla el fruto de los dioses no había nada más que decir. La tierra tenía vida y por lo tanto, todo mi más profundo respeto.
Mi abuela era la feliz matrona de todo ese reino. Era chiquita pero de un carácter descomunal. Cuando tuvo 17 años se casó con un italiano llamado Reyes Piccone Zumarán que medía un metro noventa de alto y era el leguleyo más listo de toda la selva. Y para mayores detalles, así como era listo para los negocios, la habilidad se le extendía para conquistar a cuanta falda se le cruzara al frente. Cuando conoció a mi abuela ya tenía cuatro hijos en mujeres diferentes y seguro pensó que mi abuela no sería la excepción. Pero lo fue. “Cuando una mujer quiere, puede”, decía la abuela cuando todos le preguntaban cómo hizo para que el abuelo, tan mujeriego, tan pedante, tan creído, se casara con ella y sobre todo, la respetara hasta el fin de sus días. Mis tíos la fastidiaban diciéndole que le había dado “puzanga”, un brebaje para atrapar maridos. Ella sólo sonreía y jamás contó su secreto. Ambos fueron cómplices hasta siempre. El día que el abuelo iba a morir, estaba sentado frente a su chacra cuando de pronto sintió el fatal dolor en el pecho. ¡Julia!!! Gritó. Mi abuela salió rápido de la cocina y fue en su auxilio. El abuelo se estaba muriendo de un infarto cuando le dijo: “¡Yo no me muero sentado carajo! Agárrame Julia y levántame” Y así parado, sostenido por mi abuela de un lado y con su otra mano apoyado en un muro, se murió.
Dicen que las almas regresan a los siete días de haber partido al cielo para ver cómo quedamos los que aún vivimos por acá. Con esa seguridad, es que luego de la muerte del abuelo, se llevaron toda su ropa a lavar al río para dejarla limpiecita cuando él regresara y el día señalado hicieron picante de cuy y locro de papa, ambas comidas dedicadas para tiempos de fiesta. Y como el abuelo iba a regresar al día séptimo, ese era pues un día de super fiesta. Dice mi madre que mientras todas las tías y primas y la abuela lavaban en el río con suma unción, yo me la pasé cantando el hit del momento: “Qué pasará, que misterio habrá puede ser mi gran noche”…de Raphael. Y entonces toda la ceremonia de duelo se vino abajo. “Es igual a su abuelo”, sentenció la mama Julia, “esta chica es una piruja”.
La cosa es que esa noche la recuerdo como si fuera ayer. Como la mejor película de toda mi vida. Y lo mejor de todo es que yo estuve allí. Por entonces, no lograba entender cómo todos tenían la seguridad que el abuelo regresaría a vernos. Cómo estaban todos seguros que su alma se pasearía entre nosotros mientras empezaba el rezo y se quedaría hasta el final de una ceremonia, donde sobre una mesa se ponían sus ropas más queridas y velas de colores a los lados. Y fue mi tía Silvia, la mejor de mis tías en verdad, que me dio la respuesta. Me dijo: “Cuando estemos rezando el rosario, más o menos en el tercer misterio, aparecerá un bicho (ella me dijo el nombre, pero ahora no lo recuerdo), entrará por la ventana y se posará sobre sus ropas. Allí permanecerá hasta que el rezo acabe y tu abuela haga la oración final”. Con ese argumento sacado de la lámpara de Aladino, yo estaba más emocionada, más nerviosa y más feliz, que si me fueran a dar un papel en Hollywood. En ese momento, el ser testigo presencial de ese hecho era lo más importante de mi vida.
La cosa es que, aunque parezca sacado de una narración febril, la historia se cumplió al pie de la letra. Yo estaba sentada en las faldas de mi madre, muerta de pánico y emoción. Ni una sola concentración en el rezo. Mi mirada estaba puesta sobre las ventanas esperando a que entre el famoso bicho. Y éste entró. Como dijo la tía Sil, se posó sobre la ropa de la mesa y no se movió de allí hasta que la abuela Julia dijo el Amén final de la oración. Luego de eso, el bicho se alzó como un helicóptero y se fue por la misma ventana por la que entró. Mi abuelo había regresado, no había duda. Y fue entonces y sólo entonces que mi abuela, mi querida Mama Julia rompió a llorar toda su pena. Su italiano querido había regresado a despedirse de ella para siempre.
Desde entonces mi abuela tomó las riendas de la casa, de sus chacras y de sus animales con la fuerza de un toro. Caminaba como una hormiguita de acá para allá, hacía los negocios de venta de cacao con una habilidad suprema y mantenía a los peones contentos con su paga pero exprimidos de trabajo hasta la puesta del sol. La casa era inmensa. Yo siempre la había paseado como descubriendo cada una de las habitaciones. Muchas de ellas eran almacenes de frutas, de sacos de cacao, de herramientas de todos los tipos y tamaños. Recorrer la casa era una delicia que compartía con mi papá. Sobre todo cuando llegábamos al cuarto de herramientas. Mi papá decía que con lo que allí había se podría reconstruir todo el Valle. Pero siempre que llegábamos a uno de los cuartos, uno que estaba siempre cerrado y al fondo de ese laberinto de puertas, mi padre me cogía de la mano y me decía que el paseo se había acabado. Al principio yo simplemente obedecía órdenes pero cuando crecí, ese cuarto se convirtió en el misterio más importante de todas las vacaciones. Le pregunté a mi abuela, a mi madre, a papá, a mis tíos, a mi querida tía Sil, a mis otros primos, pero nada. Nadie sabía nada. Los mayores decían que había semillas nuevas para la cosecha y que si se habría la puerta les entraría aire y se malograrían. Pero eso me parecía una tontería. Muchas veces intenté abrir la puerta con mis propios medios pero me era imposible. Más de una vez me gané un cocachón de mi mamá cuando me descubría, pero nunca desistí del intento.
Una tarde, cuando ni siquiera estaba buscando entrar al cuarto, vi a mi abuela subir las escaleras y la seguí. Ella, como una hormiguita atravesó todos los laberintos de su casa y Oh maravilla llegó al cuarto del misterio. Metió la mano en el bolsillo de su falda, sacó una sarta de llaves, abrió la puerta y se metió en ella más rápido que inmediatamente. Yo me quedé boquiabierta sin saber qué hacer. Pero no tuve tiempo de pensar mucho. Escondida detrás de una pared, la vi salir apuradita como si se hubiera olvidado algo y para mi sorpresa, no cerró la puerta. Entonces, cual flecha, corrí hacia ese cuarto y entré.
Nunca en mi vida había sufrido un espanto tan grande como ese. No sé todavía como estoy escribiendo estas líneas y no me convertí en difunta a los 9 años. Allí, adentro de ese cuarto todo era oscuro, menos una parte iluminada por un foco tenue. Esa luz dejaba ver sin lugar a dudas la cabeza, el cráneo de una persona. Hasta tenía dientes. Era una calavera perfecta. Sobre ella estaba el cuadro de Jesús, la Virgen y no se cuántos otros santos más. Yo estaba a punto del desmayo cuando mi abuela entró. Sólo recuerdo que dio un suspiro: ¡Ay!, dijo y me cargó. Salió conmigo corriendo del cuarto, gritando ¡Adelinaaa!!! El nombre de mi madre. Después sólo me acuerdo que mi tía Sil y ella me habían desnudado completamente y me estaban rezando pasándome el huevo por todo el cuerpo. Luego escuché que rompieron el huevo, mi tía Sil dijo que eso estaba mal y mi mamá empezó a llorar. Mi abuela entonces, las calló de un grito y –luego me contaron- se llevó el menjunje del huevo envuelto en un pañuelo blanco y lo tiró al cerro.
No recuerdo haber estado enferma ni mucho menos. Pero me trataban como si en verdad estuviera mal. Yo me sentía perfecta y lo único que quería era saber la historia de la calavera. En mi mente hasta pensé que era la calavera de Santa Rosa o de San Martín de Porres. Que se la habían robado y era un secreto de familia. Pero fue mi abuela la que me contó la verdad. Me dijo que la calavera se llamaba Margarita y que era la cuidadora de la casa. Que a Margarita no le gustaba que la vieran así porque sabía que le daba susto a la gente y que uno se podía morir de eso. Pero que Margarita era buena. Me dijo que una vez, cuando ella y mis tíos se fueron a Huánuco y la casa se quedó sola, unos rateros habían intentado entrar a robar. Ya lo tenían todo preparado. Pero no contaban con que allí estaba Margarita. Según mi abuela, y según me lo contaron después los vecinos, Margarita armó tal fiesta en la casa que parecía que había mil personas. Dicen que se escuchaban risas, brindis y música. Dicen también que el baile duró hasta la madrugada y que los rateros nunca pudieron entrar porque las puertas no se abrieron por nada del mundo. Margarita había organizado una fiesta cerrada y se había reservado el derecho de admisión.
Yo nací en Lima, pero no me siento limeña para nada. Salvo las aventuras en Agua Dulce con mi papá, los recuerdos más felices de mi niñez, las historias más felices y mágicas de mi vida, las viví en Huánuco. Mi abuela Julia es mi ídola. Cuánto quisiera tenerla acá ahora para que me siga divirtiendo con sus ocurrencias y sus historias. Ella me enseñó a contar en quechua del uno al diez y a ambas nos faltó tiempo para continuar con más enseñanzas. Por el lado de mi padre que también es huanuqueño, no tuve la dicha de disfrutar de mi abuelo, don Teobaldo Urzúa, porque murió cuando yo era muy pequeña. No me apellido como él porque, supongo yo, el registrador que inscribió a mi padre le pareció más fácil Ursula y así perdí mi verdadero apellido. A mi abuela materna sí la conocí. Era portuguesa y hablaba portugués mezclado con español. De ella me acuerdo que tenía el cabello negro azabache aún con ochenta años encima. Gracias a ella aprendí a hacer trenzas y enroscarlas en la cabeza. Un peinado genial. Cuando iba a Huánuco a verla me llevaba al puente Calicanto y me contaba todas las aventuras de mi padre. Que se escapaba del colegio para tirarse desde el puente al río, que los fines de semana cazaba culebrillas para quitarles la piel y venderlas en el mercado y con el dinero alquilaba bicicletas para irse a pasear con su hermano. Con ellas el puente Calicanto adquiría otra dimensión. Era el puente de los cuentos y las grandes historias.
Como se dice en los juzgados cuando se va a dar una sentencia, por todo lo expuesto, queda más claro que el agua, que por mis venas no sólo corre sangre huanuqueña, sino que mi corazón también le pertenece a ese terruño tan mío. Que no sólo tengo el tamaño inmenso de mi abuelo, sino la raza de mi abuela Julia. Julia la magnífica. Julia la que me dio para siempre el amor inmenso a la tierra que me vio crecer.
Elsa Ursula Picón.
Curso: Interculturalidad
Profesora: Gina Gogin.
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