Literatura y vida cotidiana

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Curso: Interculturalidad.Profesora: Gina Gogin. LIZ ARTEAGA

SIMPLEMENTE LIZ

¿Quién soy? ¿De dónde vengo? Dos preguntas que en algún punto de nuestra vida nos hacemos, más aún cuando evaluamos nuestro ser, nuestras dudas, nuestras fortalezas, nuestra visión para el futuro. Comenzaré declarándome como una persona de la sierra, serrana de corazón y orgullosa de serlo, apasionada por los paisajes del ande con sus ríos bañados de hiel, sus casi inalcanzables montañas y sus colores intensos.
Llegué a este lugar que llamo Liz, un 15 de setiembre de … El año no se dice! Para los conocedores en vivo y en directo se ha comentado muchas veces. Nací en “La ciudad de las iglesias”, “La capital del arte popular y la artesanía” en “el rincón de las almas”, aunque muchos lo han traducido como el “rincón de los muertos”, en Huamanga-Ayacucho. Y por tanto sobreviviente de una época difícil cargada de emociones fuertes salpicadas de temores, terror y dolor, precisamente un pasaje de mi niñez a mis cortos 5 años me recuerda lo terrible que fue esta etapa en mi vida.
Eran casi las diez de la noche, de un domingo como cualquier otro en la localidad de Vinchos, una pequeña comunidad del departamento de Ayacucho en el que mi mamá era directora del Colegio. Estábamos en casa, durmiendo. Repentinamente unos golpes desesperados a la puerta nos despertaron. "Profesora" decían, "abra profesora". Mi mamá asustada preguntó quién era, a lo que respondieron, yo profesora su alumno.
Mi mamá abrió la puerta, y el joven comenzó a decirle nervioso y muy rápido: "Profesora van a venir a matarla ahorita, los terroristas, !escápese ya!. Hoy matan a cuatro, entre ellos el alcalde, el jefe de policía, el médico del pueblo y a usted. Corra urgente, escóndase". Al instante, mi mamá tomó la frazada con la que dormíamos y me llevo afuera. Cerró la puerta y antes de salir del pueblo informó a la vecina lo ocurrido, quien se encargó de comunicar a las otras personas involucradas. El muchacho nos dijo también, que había una cueva a un par de kilómetros, ese era un buen lugar para escondernos."Vaya de frente profesora, allí lo encontrará. Y quédese hasta mañana." Así lo hicimos.
Esa noche fue la más larga de la que tengo recuerdo, la luna llena alumbraba la cueva como queriendo descubrir nuestro escondite y cuanto más ingresábamos a la caverna más parecía seguirnos con su luz. A la media noche sonaron las campanas del pueblo. Los terroristas reunieron a toda la población en la plaza y como no encontraron a ninguna de las víctimas exigieron a los pobladores decir dónde estaban, aquellos a los que habían venido a buscar. Al no hallar respuestas tomaron a cuatro campesinos y los golpearon con látigos para darles un escarmiento que duró hasta la madrugada. Con los primeros rayos del sol, se fueron, dejando a la población muy sentida. De la misma forma nosotros salimos de la cueva y tomamos un auto que nos llevó a Ayacucho. Fue el último día que viví en Vinchos. Mi mamá me dejo al cuidado de una tía, y regresó a su trabajo. Una experiencia que sin duda marcó mi vida para siempre.
Nací en una familia de clase media emprendedora. Mi educación está cimentada sobre mi madre, la única que vio por mí desde el inicio de mis días, hasta hoy. Ella es mi guía, mi fortaleza, mi ejemplo a seguir. Una de sus innumerables enseñanzas además de la fortaleza de espíritu que ella me dio, fue siempre buscar el crecimiento intelectual, porque de esa forma me decía, una mujer podrá desenvolverse correctamente en cualquier escenario profesional.
Soy de estatura media, y proveniente de una familia cuyos miembros permanecen muchos años en el quehacer de la vida, precisamente mi bisabuela Encarnación, vive hasta hoy dejando entrever a los que la visitamos, su maravilloso apego a la existencia, ella está entregada a Dios y siempre que puede nos pide que hagamos lo mismo. Por ella y por mi educación primaria y secundaria en un colegio religioso tengo un gran respeto por Dios quien nos ha dado la vida como un regalo que hay que valorar y que trato de aprovechar.
De ascendencia quechua, mis abuelos y todo mis tíos hablan el "Runa Simi" a la perfección, cualidad que lamentablemente no adquirimos los nietos, aunque escuchar a nuestros padres conversar en quechua cada vez que no querían que los menores nos enteráramos, me sirvió para entender muchas palabras de este idioma. En mi familia, aún se cultiva el pensamiento mágico religioso, sobre todo cuando se trata de enfermedades de los niños. Cada vez que mis primos pequeños se golpeaban mi mamá los curaba del "susto" con un ritual a base de cigarros, que tenían que ser de la marca Inca (tienen menos filtros) y mientras aspiraba y expiraba una bocanada sobre la cabecita del pequeño enfermo rezaba a los santos para que protejan al pequeño. De igual forma "pasaba el huevo" por todo el cuerpo del pequeño con oraciones para que Jesús se lleve el susto del menor. Esta técnica siempre ha funcionado. Al día siguiente el pequeño se sentía mejor.
Aunque también según mi abuelo tenemos ascendencia española, debido a que mi bisabuela se casó con un Español, un hombre muy alto que llegó a Cangallo y se enamoró de la joven Encarnación Medina. Lamentablemente, debido a que los registros de Cangallo se quemaron en un incendio en los años sesenta no tenemos cómo corroborar esa información. Según mi abuelo, su apellido era Aragonés, pero debido a la habilidad de los registradores para cambiar los apellidos el nuestro se convirtió en Aronés.
De pequeña siempre iba a visitar a mi abuelo a Cangallo, allí el tiene unas tierras donde cultiva tunas, y tiene muchos comuneros que lo apoyan en esta labor, en varias ocasiones hemos compartido con ellos la cosecha de las tunas, la comida y la cultura de ellos, por lo cual los conocemos y respetamos. En casa son muy apreciados las comidas andinas en especial el Caldo de Mote, la Papita con Queso, el Choclito con Queso y también los chicharroncitos, el Puca Picante entre otros.
Aunque no he sido víctima de discriminación por raza o color de la piel, si he sentido la discriminación por tener menos recursos económicos, cuando niña, sobretodo en el colegio privado donde estudiaba. En una ocasión recuerdo que estaba con gripe, y como en casa usábamos un pedazo de tela como pañuelo, en lugar de papel higiénico. Al estornudar en el aula saqué mi pañuelo, y una compañera me dijo "ese trapo seguro que es de la cocina" a manera de burla. Al llegar a casa, le conté a mi mamá con lágrimas en los ojos lo ocurrido, a lo que ella me dijo: "no te preocupes por ella; el dinero que esa niña tiene no le ha dado bondad, ni inteligencia. Un mensaje que me define siempre en la búsqueda de mis sueños. No siempre el dinero te da bondad ni inteligencia.
Todas estas experiencias forman parte de mi pasado y cargo con ellas para enfrentarme al presente y las situaciones que se me presentan a diario. Aunque en casa la tendencia es a la izquierda, en mi caso me inclino más hacia un centro izquierda, porque creo que nada es vertical, y los cánones económicos actuales no nos permiten cerrarnos en idealistas propuestas sin bases manejadas sobre datos reales.
En cuanto a argumentaciones contrarias a mi parecer, suelo escuchar y trato de encontrar el sentido del argumento. No siempre lo logro debo confesar, sin embargo trato en lo posible de hacerlo.
Soy una persona a la que le gustan los detalles, un contenido sin una buena presentación no está completo. Por ello trato de buscar siempre un balance entre contenido y forma, en todo lo que hago. Así soy yo... simplemente Liz.

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