CEUPS – SAN MARCOS
PROGRAMA DE PERFECCIONAMIENTO EN
COMUNICACIÓN PARA EL DESARROLLO
Módulo: Interculturalidad
Alumna: Jahvé Mescco Condori
Comentario lectura “Cultura y Comunicación como praxis para el desarrollo”
Autor: Juan José Cortes
Los cambios en el mundo actual exigen repensar en el abordaje de la comunicación. Para que contribuya realmente al cambio social e impulse el desarrollo, se debe considerar a la comunicación no solo como un proceso de transmisión de informaciones sino sobre todo como un espacio para que el individuo se reconozca, para que construya conocimiento a partir del entendimiento, y para la comprensión “de” y “con” los otros.
En este sentido, la comunicación se debe entender como acción, y por consiguiente, como un proceso, vinculado al desarrollo y la apertura hacia el otro. Así, la comunicación se convierte en un espacio estratégico de las mediaciones socioculturales que posibilita la apertura a procesos de interacción social y reconstrucción cultural.
Para empezar a pensar en la comunicación desde la cultura se requiere tener claro que no existe una sola cultura, sino varias, cada una de las cuales tiene sus propias características (manifestaciones, realidad social como producto de las construcciones y creatividad, relaciones sociales, prácticas sociales).
Todo lo anterior, conlleva a considerar el potencial crítico de la cultura, en tanto que las posibilidades interactivas de las relaciones construidas a través de la acción, la comunicación y la cultura implementan las formas solidarias de actuar en común, en libertad.
Esta posición es reafirmada por Martín Barbero, quien afirma que la redefinición de la cultura es clave para la comprensión de su naturaleza comunicativa. Esto es su carácter de proceso conductor de significados y no de mera circulación de informaciones. El receptor no es un mero decodificador de mensajes sino un productor también.
Acercarse a la comunicación desde la cultura supone un enfoque de (re) producción basada en la interacción entre sujetos, y entre estos y su entorno práctico. Solo así, se podrán generar procesos comunicativos horizontales, y de participación cooperativa en los procesos de desarrollo, donde destaquen la libertad de los individuos y el carácter pedagógico de la acción, del proceso.
Pensar en los procesos de comunicación desde la cultura, supone dejar de pensarlo desde los medios, puesto que el consumo se adapta y redefine acorde con las matrices culturales y simbólicas de las prácticas sociales de una comunidad determinada. El consumo cultural, en este sentido, se convierte en un acto expresivo y creativo en el que el sujeto se piensa en si mismo y en relación con los demás.
Toda acción de desarrollo se sitúa en el plano de las relaciones intersubjetivas diversas y complejas que se producen gracias a la comunicación como proceso. Por esa razón, las relaciones entre los procesos de desarrollo y la práctica comunicativa, se basan en el reconocimiento de dos principios.
El primero es que el proceso es el elemento constitutivo de la comunicación y el desarrollo, pero el proceso es posible solo con la participación (que implica un diálogo). La participación es vital porque promueve el intercambio de impresiones, informaciones, conocimientos y compromisos, pero ésta se debe dar de forma voluntaria. En esta perspectiva, son las personas las que poseen la potestad y la libertad para definir y decidir el tipo de sociedad que desean producir o transformar.
Comunicar algo presupone el conocimiento de aquello que se comunica y a la inversa. Por consiguiente existe una estrecha relación entre apropiación del conocimiento y los procesos de comunicación. Precisamente el segundo principio es reconocer que la relación entre conocimiento y comunicación exige vincular el proceso y la acción a la interacción, al diálogo múltiple. Recordemos que el conocimiento es un producto social, y como tal se construye a través de dos relaciones: entre los sujetos, y entre estos y el entorno.
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