ANA MARIA ROBLES GARCIA
COMENTARIOS A “CULTURA Y COMUNICACIÓN COMO PRAXIS PARA EL DESARROLLO” DE JUAN JOSE CORTÉS
El autor plantea la comunicación como un proceso para relacionarnos con otras personas, en una relación dinámica y activa de intercambio de información, permitiéndonos conocer y construir conocimientos interactuando como emisor y receptor de los mensajes.
A partir de este concepto se hace posible el conocimiento y el entendimiento de los diversos grupos sociales y culturales, este proceso hace factible el cambio, la asimilación de nuevas teorías y formas de pensar que guiarán la transformación a través del lenguaje y símbolos, aceptándolos como parte de una práctica de relación social, concibiéndola como un proceso de comunicación construída desde las bases de la cultura.
En este contexto el autor cita a Méndez Rubio, afirmando que la cultura se edifica con el ejercicio y la práctica de tres ideas fundamentales, resumidas en: realidad social, interacción entre la comunicación y la cultura y las relaciones sociales en plena libertad.
Concebir la comunicación como un proceso social que prioriza la cultura es una visión y concepto que deja de lado la importancia que se ha dado a los medios de comunicación, situándolos como instrumentos, siendo la cultura a través de la comunicación que ejercida de manera horizontal, y bivalente supone la construcción y comprensión de mensajes que se intercambian aperturando espacios para el desarrollo.
La comunicación para el desarrollo supone un proceso activo “vivo”, porque permite compartir conocimientos, experiencias, información, ejercidas libremente y espontáneamente en el marco de respeto y aceptación del otro, estableciendo relaciones equitativas e iguales, ello se reafirma con lo expresado por Servaes cuando afirma “es necesario escuchar lo que otros dicen, respetar la opinión de la contraparte y tener confianza mutua”.
Sin embargo, las relaciones humanas establecidas en procesos de desarrollo participan las personas con sus propias cosmovisiones y esquemas mentales, manifestándose en diferentes conductas, que van desde la “no participación” cuando deciden de manera libre no adoptar posiciones ni decisiones, la “participación controlada” o guíada, y la “participación-poder” que nace a partir del diálogo.
El conocimiento y la comunicación como producto social, enriquece a quien participa transmitiendo información y escuchando información facilitando el proceso del conocimiento porque se va construyendo nuevas realidades y transformaciones sociales, en un flujo comunicativo activo, dinámico, participante donde los sentimientos y pensamientos se van transformando generando cambios conductuales transformando las sociedades.
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